O CONMIGO O CONTRA MÍ

Explicaba en Les Corts el conseller Marzà que el modelo lingüístico-educativo elegido para la Comunitat es similar al de Murcia, donde gobierna el PP, y que la única diferencia es que aquí hay valenciano y allí no, y que si los populares están en contra de ese modelo aquí y allí gobiernan y lo impulsan, pues la ecuación está clara: «el PP está en contra del valenciano». Marzà impartía clase de inglés, pero esa que dio en los pasillos de la Cámara sobre lógica (política) fue impagable. Reveladora. Tal reduccionismo no obedece a una mente simple: es el deseo de enviar un mensaje digerible por una audiencia a la que se considera simplona y a la que se pretende seducir con un mensaje con buenos y malos. Marzà y sus afines niegan las posiciones intermedias, porque tanto Compromís como el PP quieren eliminar, de hecho, a los que defienden la ponderación. El enemigo es el de enfrente, pero el rival es quien te matiza, y a ese hay que sacarle de la partida, que es lo que hace Compromís con el PSPV.

El conseller identifica a los que no están de acuerdo con sus tesis como enemigos del valenciano. En realidad, se trata de una consideración que Marzà reserva para el PP y Ciudadanos, la oposición. Sin embargo, Marzà sabe que la discrepancia sobre el modo en que desde su conselleria se pretende dar preferencia al valenciano, tanto en las aulas como en la Administración (a través de los funcionarios), no es una reserva que se limite a los populares o a los seguidores de la formación de Rivera. Hay serias dudas en el PSPV (especialmente en zonas de Alicante), y a Marzà le consta tanto como los dictámenes en contra del CJC. Hay también mucho mar de fondo en UGT, y Marzà lo sabe. Es imposible que el conseller desconozca esa disparidad. Obvia esa resistencia interna en el Ejecutivo valenciano o en los agentes sociales fraternos, la ignora para poder señalar abiertamente al PP como el único obstáculo, el 'enemigo del valenciano'. Por unas cosas y otras, por lances políticos, enfrentamientos ideológicos, luchas por el poder o por espacios electorales, la sociedad valenciana nunca abandona la polarización. Conscientes unos y otros de sus posiciones y las de los rivales, se apuesta siempre por no hacer concesiones. Los actuales inquilinos de la Generalitat, donde Compromís marca el paso, apuestan por un camino tan definido como difícil de aceptar por una gran parte de los vecinos de la Comunitat. El PP también lo hizo y de ahí que finalmente perdiese el Consell. Ese será el destino de los moradores actuales de los despachos del Ejecutivo si no son capaces de empatizar con aquellos que no piensan igual que ellos. Se ignoran las opiniones internas discrepantes y se identifican las externas como enemigas de las esencias valencianas. Conmigo o contra mí. Mala elección, para todos.