EN LO MÁS ALTO

Disparar la mascletá de San José imprime carácter y graba tu nombre en los anales históricos de las Fallas. Además de la responsabilidad de actuar en el día más importante de las fiestas josefinas, para los Hermanos Caballer lo de ayer significó exponerse, por primera vez, en el escalafón pírico más alto de Valencia. Además de eso, su 'Nit del Foc' de anteanoche les permitió la entrada en el Olimpo pirotécnico fallero. Con los fuegos del dieciocho de marzo, José Vicente y Jorge Caballer Villacañas quedaron grabados para siempre en el listado de los más grandes pirotécnicos de la fiestas josefinas. Su mascletá de ayer comenzó respetando el ritual antiguo de quemar una traca valenciana. Después vino un fuego moderno: un despliegue digital de casi dos minutos. En él destacaron las sirenas y la breve exposición de relámpagos que brillaron antes de alzarse humos de los colores de la Senyera. Y, sobre todo, los primeros recorridos de volcanes rojos con los que rodeó la plaza. En una segunda parte de este inicio aéreo, realizado con crackers, silbatos y roncadoras, los interesantísimos sonidos de aulladoras protagonizaron el momento sonoro cumbre. Toda la digitalización de fuego fue aérea, con sucesivos y rápidos cambios de lugar de disparo para cada cosa proyectada al aire. Marcó un golpe de cierre antes de empezar la parte terrestre. En ella, los truenos iban abengalados en rojo y verde, propios de un día de fiesta y con acompañamiento aéreo rápido y tasado. No había fondo de sonido de rastres, ofreciendo una mascletá seca pero bien diversificada en calibres y con piezas del número cinco (el penúltimo en la máxima potencia permitida) ya desde el comienzo. Los seises posteriores, junto con la amplificación sonora lograda al desdoblar la quinta y última retención, la mejor, hicieron que el terremoto, natural pero con encendido eléctrico, entrase de forma bonita. Fue espoletado y sin prisas. La rúbrica final, abrazando digitalmente la plaza de forma sucesiva y acelerada, y con un cierre fortísimo, espojoso y hermético, fue impactante, mayúscula y certera.