Las Provincias

La tentación de la copia

Además de su mal gusto, copiar es un atajo innecesario. En la mentalidad del común de los mortales, ya sean de oficio, números o letras, primero se construye la realidad, y solo después se le asigna un nombre. El método sirve para las referencias de una ferretería y para un grado universitario. En el ámbito público resulta diferente. La disposición cerebral del político le hace actuar justo al revés. Primero etiqueta la idea, la nombra en nota de prensa, y luego se acomoda la realidad para encajar a presión la decisión en el espacio de la etiqueta imaginada. Hay ejemplos recientes y en el pasado que nos persiguen. Yo me he sentido incómodo cada vez que he escuchado lo de que Valencia tenía que ser la California, la Atenas o la Florida del Mediterráneo. Cada equis tiempo surge una iluminación que identifica nuestro barrio X como el barrio Y de esa otra ciudad que vimos en un crucero durante una escala de 6 horas, y a la que sin ningún tipo de estudio previo, se le asigna un adjetivo que sirve para definir el futuro de miles de personas que viven en la ignorancia de que su barrio ahora será esto o aquello. Surge entonces la condena urbanística de estar ante «el nuevo barrio de moda». Un estado de opinión que nadie discute, fruto de nuestra obsesión por el centro en el que se dirimen todas las batallas, desatendiendo la periferia, y permitiendo el fulgor solo a un barrio al que se exprime y satura, hasta que le toca a otro. Esa manera de proceder que dura ya décadas, revela profundas carencias colectivas, de unos y de otros, sobre el equilibro de la ciudad, y hace difícil la vida habitual, ordinaria, del barrio al que en la ruleta de rusa de la mundanidad le toca asumir las terrazas, la gastronomía, sin pensar en el aparcamiento, el comercio y los colegios. Digo yo que necesitamos barrios equilibrados en los que vivir, comprar y saciarnos, y no solo ciudades muertas, vivas en un espacio de jueves a sábado. Criticamos, con razón el vicio finisecular de la España radial, y mientras tanto seguimos clasificando nuestros problemas en función de la proximidad con el centro. Hay una Valencia radial y una Valencia circular que necesitan ser conciliadas. Lo que acontece, intramuros, y sin muralla, es problema de Champions; lo que sucede en el trayecto de las Grandes Vías, materia de la Primera División del Ensanche; Tránsitos, que ya recoge la segunda y tercera división de la ciudad; y la Ronda es el reino ignoto de los pueblos anexionados, las pedanías y los territorios que se quedaron en la tierra de nadie, ni ciudad ni pueblo, ni huerta. Quizá haya que comenzar a construir de fuera hacia dentro, y adecentar, por ejemplo, las entradas de la ciudad. Pensando la ciudad en toda su extensión y recorridos. No copiar ya es original. Ni Russafa es Chueca, ni El Cabanyal Notting Hill. No hacen falta atajos.

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