Las Provincias

La purga

Tiene gracia que Podemos haya elegido un lugar con el nombre de Vistalegre para celebrar su asamblea ciudadana teniendo en cuenta la cara de funeral que dibujaban algunos de sus dirigentes. Especialmente Errejón y los suyos cuando supieron que habían perdido las votaciones. En Errejón se ha juntado una gran dosis de ambición e ingenuidad. Hay que estar muy ciego para pensar que en las tradicionales luchas de la izquierda radical podría ganar el sector etiquetado por las bases como moderado. Eso nunca ocurre, porque lo fácil en la batalla política es considerar al díscolo como reformista, traidor y vendido al capitalismo y a la casta. Los intransigentes, los puros, siempre ganan esas guerras de la izquierda, tan obsesionada en mantener las esencias y en preservar la verdad que, por supuesto, solo ella cree poseer.

La llamada a la unidad es la constatación de la profunda división en Podemos. Da un poco de lástima ver el rostro compungido de Errejón rogando la integración e implorando que no le corten la cabeza. Tarea inútil, poco a poco la purga se consumará porque la guillotina y la justicia popular como bien conoce Pablo Iglesias exigen la cabeza del caído en desgracia. Lo harán de forma más o menos sutil pero Errejón debería ir preparando su vuelta a la universidad o rezando para que Pedro Sánchez gane las primarias del PSOE y los dos juntos formen una nueva escisión en la izquierda española.

El drama que hemos vivido en Vistalegre tiene en el fondo una causa mucho más prosaica, la pugna de unos y otros por controlar el juguetito político que han creado y de paso asegurarse un medio de vida del que la mayoría carecía hasta la fundación del partido. Han luchado como fieras por conservar el puesto que nunca soñaron tener.