Las Provincias

Noticia del mar

Mañana puede ser un gran día para la Valencia que vive más cerca del mar. A pesar de las muy serias preocupaciones por la huelga de los estibadores, la Autoridad Portuaria se ha propuesto aprobar una cesión del uso de 86.000 metros cuadrados de suelo ahora portuario para facilitar el nacimiento de un nuevo parque en Nazaret. No será un regalo, no será una donación. Como ya ocurrió con el suelo de la Marina será solo una concesión, de solo 25 años en vez de los 75 con los que los vecinos sueñan. Pero a pesar de la cicatería estatal, que se aferra al suelo cuando es suyo, Nazaret podría entrar en una nueva etapa, derribar ese muro que tanto aborrece y ganar un nuevo espacio con dos ambientes: la vieja desembocadura del Turia y la que antaño fue playa de Benimar.

Es una deuda moral del Estado con Nazaret y con Valencia. La ciudad, en los años ochenta, le regaló al puerto varios kilómetros de playa y, décadas después, es justo que haya gestos de compensación. En total se trata de espacios equivalentes a la mitad de los Viveros, también como la mitad de ese Parque de Cabecera que a principios de siglo cambió el paisaje del oeste de la ciudad.

En definitiva, se trata de un área muy estimable donde habrá que trabajar de firme, con mucho dinero e imaginación, al servicio de la ciudad del futuro. Porque en realidad estamos hablando de uno de los flecos pendientes de las etapas municipales anteriores que reclaman del Ayuntamiento una estricta continuidad: enterrar la vía de Barcelona antes de llegar al cauce del Turia y rematar, desde el Oceanográfico, un nuevo parque de Desembocadura que luego tendrá continuidad en la franja contigua a los muelles del Turia y de Costa.

Encaja aquí otra interesante novedad: Baleària, en esa necesaria y legítima pugna en la que le está ganando muchas bazas a Transmediterránea, ha hablado de mejorar su implantación en Valencia con una nueva terminal, que quiere ubicar «más cerca» de la ciudad. Sueña quizá -y yo me apunto enseguida- a esa relación estrecha que sostiene en Denia, donde ha propiciado una nueva zona de ocio marinero y un mecenazgo cultural más que notable. «Más cerca»... puede ser el espacio desaprovechado de la antigua Unión Naval, el Transversal de Poniente o quién sabe si el lugar destinado, en la ampliación portuaria, a la hipotética terminal de cruceros.

Es el futuro, como bien se ve. A la vista de los desastres 'bicimaniáticos' que padecemos en la ciudad 'de tierra adentro', la única salida que tiene el tripartito para refrendar triunfos y no perder las elecciones es vender la misma ilusión de mar que Rita Barberá empezó a aplicar con la Copa América. Valencia no tiene otro horizonte que el marinero. Por eso, quizá, se retrasan las decisiones del lado gubernamental en el Consorcio; porque en el PP de Madrid también se están enterando: existe el mar.