Las Provincias

Emperatriz Merkel

Acabo de saber que Angela Merkel es la primera mujer que gobierna su país desde que lo hizo Teofano Skleraina, viuda de Oton II, emperador del Sacro Imperio Románico-Germánico. La emperatriz murió en el año 991 y al parecer hizo bien su trabajo: defendió la legalidad dinástica, contuvo a sus enemigos y supo garantizar la sucesión en la persona de su hijo Oton III.

Además de confirmar lo difícil que ha sido para las mujeres reinar, entiendo que el dato comporta una suerte de elogio por la vía de la fría estadística para la gestión de Merkel en la hora sombría que vive la Unión Europea, una referencia indispensable en la defensa del barco continental que, tras el 'brexit', la oleada sin precedentes de inmigrantes, el trágico desorden en Oriente Medio y la persistencia de la crisis económica, navega un poco a la deriva. Solo faltaba en el cuadro el acceso al poder de Trump, quien tiene de la UE una estima manifiestamente mejorable.

El sucesor será aquél o aquélla a quien los ciudadanos de la República Federal Alemana elijan en las legislativas del 24 de septiembre. Si fueran hoy, según las encuestas, la escogida sería otra vez Angela Merkel, aunque su partido se vería de nuevo obligado a formar un gobierno de coalición con los socialdemócratas, cuyo candidato, Martin Shultz, obtiene en los pronósticos un respaldo inesperadamente alto que se acerca al empate técnico. El público sabe ya que en la mejor tradición en días de dificultad, cristianodemócratas y socialdemócratas formarán una coalición, como la ahora saliente que presenta un balance estupendo: casi pleno empleo, un plan impresionante de inversión pública... y una digestión inteligente y cristiana del millón bien largo de refugiados que han llegado en el bienio 2015-16.

En términos estrictamente históricos es como si una canciller alemana se supiera, o se sintiera, sin más, en la obligación de atender a la oleada de gente que llega del viejo Levante, como se le conocía, y aún se le llama en algunas regiones, del Sacro Imperio, esa joya que prefiguró la Europa de hoy y de la que los padres fundadores, varios de ellos católicos practicantes y militantes, parecían sentir un cierto latido que había sobrevivido a siglos de guerras y desencuentros. Una persona cultivada puede encontrar hoy en la UE y sus crisis un eco claro del Oriente cristiano y, desde luego, un latido carolingio que fue el combustible político de católicos como Konrad Adenauer, Robert Schuman (beatificado en 1988), Alcide de Gasperi (en proceso de beatificación) y Jean Monnet.

La misma señora Merkel es hija de un clérigo protestante y su visión política general parece, a veces incluso claramente, dependiente de criterios éticos de solidaridad y caridad bien entendida. Su partido se llama 'Unión Cristiano Demócrata' y sus estatutos son inequívocos y respaldan sin duda alguna la gestión de la acogida de los refugiados... Si volviese al ruedo su ilustre antecesora Skleraina no tendría sino palabras de elogio para su inesperada y republicabna Merkel.

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