Las Provincias

Caos técnico

El varapalo que ha sufrido la Agencia Valenciana de Turismo es una prueba más de la constatación de que el sistema de funcionamiento de las instituciones es totalmente incompetente. Hemos pasado del ordeno y mando del político de turno de aquellos años en los que los perros andaban atados con longanizas por España, a la negación de la firma de cualquier técnico de la administración por miedo a que se lo lleven por delante. Las últimas condenas sobre la exconsellera Milagrosa Martínez, su exjefe de gabinete y tres técnicos más, ahondan en la herida del funcionamiento de la administración. Ningún técnico quiere asumir responsabilidades innecesarias y se la cogen, como se dice vulgarmente, con papel de fumar. Ante una propuesta sospechosa de llevar el más mínimo defecto, es rechazada de inmediato. Es más, el político de turno que acaba de entrar a trabajar en la administración no conoce el funcionamiento interno y anda como pulpo por garaje para sacar adelante cualquier propuesta o proyecto. En definitiva, todo está en manos de los técnicos, los nuevos dioses de la administración. La única opción del político electo es, en el mejor de los casos, trabajar aplicando el sistema de ensayo-error porque la mayoría desconoce el funcionamiento interno para poder llevar a cabo cualquier tipo de gestión. Traducido a nivel empresarial, el caos, la incompetencia, el desastre. Así queda demostrado con datos como el de que a final del año 2016, un alto porcentaje de los presupuestos de diferentes instituciones se quedaron sin ejecutar. Traducido para el común de los mortales, el dinero que había para gastar o invertir en las necesidades de la ciudadanía no se gastó porque no saben gestionar. Noticias como las de la AVT no ayudan a tranquilizar a los técnicos de la administración, que son personal fijo. Los políticos de ahora se irán o los echarán.