Las Provincias

BOLSAS Y BARULLO

La bolsa se convirtió en el mágico morral donde observamos la evolución del cotarro trapisondista español a lo largo de las últimas décadas. La bolsa adquirió contorno de amorfo testigo que apechuga con nuestros pecados. La bolsa, esas bolsas que igual sirven para el utillaje del gimnasio o para guardar el bocata, durante los años locos de pelotazos, comisiones y chanchullos arrullaban fajos de billetes Bin Laden que viajaban hacia zulos, verdes valles de Andorra y destinos de paraíso fiscal. Pero ahora, también, en su calidad de multiusos esas bolsas acudieron hasta la puerta de los juzgados con la ropa que usaron los reos cuando su entrada en prisión.

Detecta uno estos días de entrullamientos cierto barullo. Se tiende a emplear grandes frases cargadas de tópicos que nos recuerdan la justicia practicada por Charles Bronson en aquellas pelis tan chungas y rudimentarias como entrañables. «El que la hace, la paga», afirman estos nuevos superhéroes de la ley que sin duda admiran (aunque no conozcan la obra de Huston) la justicia bronca de ahorcamientos a flor de piel practicada por el famoso juez Roy Bean al oeste del río Pecos. En medio del fulgor pirotécnico he conseguido que un par de juristas me expliquen por qué le caen nueve años a La Perla y trece al trío La La Land formado por Crespo, Correa y el Bigotes. Les resumo su respuesta: los amaños están especialmente penados, casi tanto como los delitos violentos o sexuales. Ignoro si trincaron en exclusiva para sus bolsillos, si cosecharon dineros sucios para el PP o ya de paso sincronizaron ambos trapicheos. Ahí, con los importantes matices, me pierdo. Tengo claro, en cambio, la satisfacción del amable personal que goza con los desfiles hacia la sombra del penal. Es la reparadora sed de sangre de mera venganza. Ojo por ojo y diente por diente.