Las Provincias

Vidas al límite

La reciente ola de frío polar está afectando gravemente a los refugiados que malviven en campos improvisados del Este europeo, especialmente en las islas griegas de Lesbos y Chios. La ONU ha hecho un llamamiento a los gobiernos de la región para «hacer más» a favor de los desafortunados en lugar de intensificar la represión en sus fronteras. Los portavoces de las ONGs han asegurado que se han registrado ya al menos cinco muertes a causa del frío y subrayan las penalidades que padecen los más vulnerables, mujeres embarazadas, ancianos y niños. Además, los responsables de los servicios humanitarios claman por la necesidad de ir trasladando a los refugiados en las islas griegas -cuyas instalaciones son sumamente precarias- al continente, para ser distribuidos por Europa. También ayer la UNICEF emitió un comunicado en el que, además de informar sobre la magnitud del problema -crece el número de niños no acompañados que llegan a las costas de Grecia e Italia a través de la ruta del Mediterráneo central-, alerta de que las bajas temperaturas incrementan el riesgo de gripe e infecciones respiratorias graves para los más pequeños. Ante este drama humanitario, en que se entremezclan los refugiados que escapan de los conflictos con los emigrantes por motivos socioeconómicos que huyen de África hacia el Norte, la indolencia europea resulta insoportable. El gobierno alemán, en vísperas electorales, alardea de que el número de inmigrantes en 2016 ha sido muy inferior al del año anterior, y en España la pasividad gubernamental acaba de ser denunciada por tres diputadas -Meritxell Batet (PSC), Ione Belarra (Podemos) y Patricia Reyes (Ciudadanos)-, que visitaron en noviembre los campos de refugiados de Grecia y Jordania, invitadas por Oxfam Intermón, y han presentado en el registro del Congreso una iniciativa que busca presionar al Gobierno para que cumpla sin demora su compromiso de acoger en España a los más de 17.000 refugiados previstos hace casi dos años, huidos del conflicto sirio (sólo se ha acogido a 979). El cumplimiento de este compromiso no resolverá el problema pero al menos movilizará la conciencia europea.