Las Provincias

EL BOTÁNICO DE VERDAD

No sé si desconfiar de un Gobierno que dedica tanto tiempo a anunciar lo que quiere hacer (lo ha hecho ya hasta en cuatro ocasiones en año y medio de legislatura) y tan poco a llevarlo a cabo. La revisión del Pacto del Botánico presentada el miércoles -casualmente, o no, el día del juicio del ERE de RTVV- por PSPV, Compromís y Podemos pone sobre la mesa 201 nuevas promesas, incluida alguna de difícil clasificación como ese 'esperado' sistema valenciano de integridad institucional (¿?). En todo caso, suerte con ellas. Imagino que la principal conclusión que cabe extraer de la operación es que Ximo Puig se garantiza gobernabilidad para lo que queda de legislatura, porque se entendería poco y mal que si los tres partidos que sostienen al Consell trazan una hoja de ruta común a comienzos de 2017, no la llegaran a plasmar donde realmente se hace política, que es en los presupuestos para el próximo ejercicio. Así que en contra de lo que vaticinó en su día Isabel Bonig, el inicio de las hostilidades que derivará en la ruptura previa a la próxima convocatoria electoral no se visualizará hasta bien entrado el próximo año. Por ahora, el Botánico se dedica a hacer de la necesidad virtud y a poner buena cara y sonrisas profidén a lo que en realidad son recelos mutuos. La entrada de Podemos en el Consell se ha quedado tan congelada como la acción política de ese partido, domesticado a base de tortazos (políticos) por parte de sus socios. Mónica Oltra manda y ejerce desde la comodidad que le da esa posición de pieza clave para la estabilidad del Ejecutivo. A la vicepresidenta se le escruta cualquier gesto, como si se esperara que de una sonrisa más o menos artificial pudiera concluirse que la vida que le queda al Consell es escasa. Y no es así. En esa evolución personal en la que se encuentra la líder de Iniciativa, la fase actual tiene mucho más que ver con la estabilidad y con la búsqueda de consensos que con los incendios. La batalla será por superar al PSPV en las autonómicas, y en ese objetivo los nacionalistas tendrán que mantener tanto al votante más gamberrete como procurar pescar entre el más institucional. ¿Cuál es el de Ximo Puig? Debates orgánicos al margen, al presidente del Consell se le escuchó primero defender a voz en grito el 'problema valenciano', como si quisiera singularizarlo en el debate de la financiación y lograr de una vez que los valencianos pintaran algo en un debate nacional. El discutible éxito logrado -la exigencia de la deuda histórica ha desaparecido- le ha llevado a posiciones que contemplan incluso la tentación de la ruptura si el maltrato se mantiene. Un salto de extremo a extremo en el tapete. Y en el bolsillo, el recurso a una crisis del Consell que muchos entienden incomprensible que no se haya producido ya -Nomdedéu calienta en la banda-.

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