Las Provincias

Blasco Ibáñez

«Los hombres ilustres mueren dos veces, una con la muerte, otra con el olvido». Es opinión de Blasco Ibáñez. Nació el 29 de enero de 1867 y murió el 28 de enero de 1928. Así que los días 28 y 29 del corriente mes recordaremos el 89 aniversario de su muerte y ¡el 150 de su nacimiento! En diciembre de 1927 había acudido a París para participar en la celebración del centenario de la obra de teatro 'Cromwel' del romántico Víctor Hugo. Acudieron a ese acto, entre otras personalidades, el presidente de la República Francesa. Blasco Ibáñez tomó la palabra para recordar que Víctor Hugo había aprendido a leer y escribir en español, al ser hijo de un funcionario del rey José Bonaparte. Manifestó Vicente que la 'Esmeralda' de 'Nuestra Señora de París', no es gitana sino una niña robada a su madre en Reims; el mismo tema que la Gitanilla de Cervantes, por lo que afirmó que la francesa era nieta de la española (por no decir que había sido un plagio, descortesía inaceptable en aquel acto). Al salir aquella noche del teatro del Trocadero, Blasco Ibáñez se enfrió, así que al día siguiente le dijo a su mujer «Elena: vámonos a casa, que no me encuentro bien». Llegaron a Fontana Rosa, su finca en Menton (Alpes franceses) y la salud del novelista mejoró algo, pero entrado el año 1928 recayó, y en la madrugada del día 28 pronunció sus últimas palabras: «¡Es Victor Hugo, que pase; decidle que pase!»; y una propia le cerró los ojos.

«Que hablen de ti, aunque sea bien»; es lo que le hubiera deseado Salvador Dalí. De entre los que hablaron mal de Vicente hay que destacar al gran Torrente Ballester en su obra 'Panorama de la literatura española contemporánea': «...huele a sudor y a sexo, con apetitosas vaharadas de paella valenciana».

El republicano Blasco Ibáñez está en Valencia porque lo trajo la II república y descansa en el cementerio civil, tal como él lo deseó: «Quiero reposar en el más modesto cementerio Valenciano, junto al Mare Nostrum que llenó de ideal mi espíritu; quiero que mi cuerpo se confunda con esta tierra de Valencia, que es el amor de todos mis amores». Creo que atendiendo a esta petición fue depositado en el más bajo una columna de nichos, el que está tocando el húmedo suelo, la tierra de su, de nuestra Valencia. La lápida que cierra su sepulcro se encuentra a la altura de las rodillas, así que, si vienes, lector, en uno de esos días la podrás tocar, como una caricia a su residente. Allí nos veremos...ah, y no traigas flores porque no cabrá una margarita.

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