Las Provincias

VIDA DESPUÉS DE LA VIDA

Esta semana ha oído hablar del Registro Nacional de Rechazo y es un concepto que se le antoja francamente divertido y no lo es. Ya se imagina a todo ese ejército de haters con el que se tropieza a diario agrupándose en una especie ONG para protestar, para oponerse a todo por sistema. Pero no. El Registro Nacional de Rechazo ha nacido en Francia este mes para que los galos que no deseen donar los órganos tras su muerte se inscriban en él en virtud de una nueva normativa. Esta ley, después de un amplio debate, vendría a regular básicamente que toda la población sea donante por defecto pero les da el derecho al rechazo voluntario. Algo que ya venía sucediendo de facto y en aras de la solidaridad nacional desde 1976 aceptando el principio de «consentimiento presumido». Ahora, el derecho de aquellos que se oponen también queda protegido. Cuando una ciudadano francés desaparezca, tan solo habrá que consultar si figura en el registro para respetar su voluntad. En un país de 67 millones, tan solo se han inscrito 150.000. Con todo, las tasas de donación de órganos del país vecino donde la donación se supone universal son bajísimas comparadas con las de España que acaba de pulverizar su propio récord, alcanzando máximos históricos: más de 4.800 trasplantes. Llevamos 25 años consecutivos a la cabeza mundial. El éxito radica en el consentimiento de los familiares de fallecidos -responden afirmativamente en el 85% de los casos- y en el funcionamiento de la Organización Nacional de Trasplantes. Ésta se concibió inscrita al Sistema Nacional de Salud desde sus inicios y no como una triste ONG. Como parte del Estado, las campañas de concienciación han dado sus frutos. Apelando a la solidaridad y honestidad de los ciudadanos. Sin medidas drásticas ni coercitivas.

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