Las Provincias

LA MURALLA

Nadie tiene claro cómo va a irle el futuro, ya que antes estaba en las rodillas de los dioses y ahora está en los antebrazos de Donald Trump. Siempre son peligrosos los que tienen pocas ideas, pero clarísimas. Ciertamente, la duda no conduce a ninguna parte, pero la certeza ya sabemos a dónde nos ha llevado. El hombre más poderoso del planeta ha decidido dos cosas: construir el muro de México y que lo paguen los mexicanos. Ha dejado el control de sus sociedades en manos de sus muchos hijos, pero visto a distancia, quizá sea algo más que un tipo pintoresco, con la lengua larga y el pelo amarillo. Cuando le preguntaron en la rueda de prensa por el espionaje ruso mandó callar, aunque él hubiera ido a hablar, y reprendió a su interlocutor.

El presidente electo de Estados Unidos, que es una de las personas peor educadas del mundo, le llamó maleducado y para evitar que le llevara la contraria no le concedió el turno para usar la palabra. ¿Estamos gobernados a distancia por un millonario que no está en sus cabales, aunque sus cuentas siempre lo estén, o por un vendedor de crecepelo, aunque no sea obligatoriamente amarillo? Es pronto para saberlo, pero cuando lo sepamos será demasiado tarde.

Confío en que me dé tiempo a ver, si no cómo termina su mandato, sí cómo continúa. Hemos visto llorar al buen Obama en su discurso de despedida. ¿Qué tendrá el poder que todos, hasta los mejores, derraman lágrimas cuando llegan a él y cuando lo abandonan? Quizá estén muy a gusto dentro o acaso lo que más les guste sea conocerlo. Hola y adiós. España, que siempre ha sido un país de místicos y de pícaros, recuerda hoy a mi amigo José María González Castrillo, mucho más conocido por Chumy Chúmez. ¿Se le puede llamar chiste a ese dibujo que me regaló? El hijo de una mendiga le dice a su madre: «Cuando yo sea mayor y gane mucho dinero, tú no tendrás que pedir más que para ti sola».

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