Las Provincias

CARNE DE ESCÁNDALO

Cuando aparecieron los primeros informes asociando el tabaco con el veneno que acorta nuestra vida, la todopoderosa industria del ramo del pitillo compró científicos para que elaborasen otros estudios que negaban lo pernicioso del humo. Entre las multinacionales del sector agroalimetario también funcionan ahora de forma similar. Si se cuestiona, con pruebas, ciertos aditivos que enganchan y además castigan la salud del prójimo, irrumpen tratados que opinan lo contrario. La duda, sembrar dudas, esa es la técnica que aplican para marear y manipular a los ciudadanos. La duda es un arma harto eficaz porque tras deslizar una maldad preñada de trolas, permanece el poso de la calumnia. Nos encanta sospechar, nos chiflan las teorías que narran conspiraciones abracadabrantes, nos seducen las explicaciones alambicadas y, en definitiva, nos fastidian las verdades sencillas porque su lado cotidiano carece de cualquier emoción. A estas alturas ignoramos si Trump participó en una cuchipanda de lluvia dorada y camas de hotel. ¿Estamos ante una mentira, ante un escándalo sexual o ante una gorrinada de primera categoría? No nos importa. La duda ya se ha incrustado en nuestro cerebro y, más allá de las evidencias, cada cual creerá lo que prefiera sin fundamento. De un personaje como Trump esperamos cualquier acto, mayormente impuro, pues su tono dinamita todas las reglas de los apetitos. En cualquier caso, intuyo que casi nadie se extrañaría ante un supuesto escándalo sexual destilado desde su melena blonda y su boca piñonera. A Berlusconi le atornillaron fuerte con lo de aquellas fiestas bunga-bunga protagonizadas por merectrices de todas las edades y reparto de golosinas. Jesús Gil yacía entre las burbujas de un jacuzzi rodeado de chicas neumáticas. Trump es carne de escándalo y la duda su fiel compañera.