Las Provincias

BUSCAR CULPABLES

Del Valencia emana un cierto olor a putrefacto. Tan duro, tan real. El club, si es que se puede considerar club el modelo que se ha instalado, se ha convertido en una búsqueda desesperada de culpables. Nadie asume pero todos señalan. Una pandilla de acusicas que pierden el tiempo en lo accesorio sin caer en que lo que importa de verdad es que el equipo se salve de un descenso al que todos empujan con el interés personal por encima del beneficio colectivo. Insisto, tan duro y tan real. La propiedad, Peter Lim a través de la presidenta, Layhoon Chan, fue la primera en poner en la diana a los jugadores sin pararse a pensar un segundo si las decisiones tomadas el pasado verano fueron las acertadas. En lugar de asumir un alto porcentaje de responsabilidad en el caos, Layhoon Chan primero apuntó a los futbolistas y después, en rueda de prensa, defendió una gestión en la que la autocrítica no formaba parte del manual. Las decisiones tomadas desde Singapur han tenido una relevancia principal en la desastrosa temporada que arrastra la entidad. El italiano Cesare Prandelli tiroteó a todo el mundo antes de dejar al equipo en la estacada la víspera de Nochevieja. Primero cargó contra sus futbolistas, al grito de 'fuori', y después apuntó a la propiedad y a la dirección deportiva con ese gesto de la silla vacía donde se debía sentar García Pitarch. Mantengo que el italiano se largó tan cargado de razones como huérfano de valentía. La atracción que desprendía el técnico, esa mezcla de porte y veteranía, lo elevó a la categoría de líder y se escapó vivo sin dar explicaciones de sus seis puntos en ocho partidos. Ni una sílaba de autocrítrica tras unas decisiones deportivas tomadas desde el banquillo que en muchos de los casos condenaron al equipo. En su debe, la elección de Mina ante el Barcelona, la incapacidad en Vigo y la genuflexión ante la estrategia de Sampaoli en el Pizjuán. El exdirector deportivo, que se fue tarde y mal, también dedicó su comparecencia pública a ajustar cuentas. Suso podía haberse marchado con la elegancia de una labor realizada y poco considerada por Lim. Tuvo la oportunidad de reivindicar su trabajo, de dar nombres de contratos no firmados y de cerrar la puerta sin hacer ruido a la espera de que al inquilino le vaya bien en su ausencia. García Pitarch también tiene su cuota de responsabilidad en este fracaso. Al final, en su adiós bajó a un barro que no ayuda al Valencia. Después fue Mario Suárez el que se dejó llevar por la inconsciencia para tirar un piedra y esconder la mano para señalar a compañeros que presuntamente se han borrado de un compromiso necesario. Poco puede decir aquel que no ha dado la talla esperada. Cuando un barco se hunde hay dos opciones: achicar el agua o saltar por la borda. La elección es libre.

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