Las Provincias

Víctimas del terrorismo, víctimas del olvido

Parece ser que últimamente un sector de la comunidad internacional se ha vuelto condescendiente con los terroristas provocando una carcajada no se sabe si más intensa en los mismos grupos terroristas o en aquellos que suavizan u olvidan selectivamente sus acciones. El dolor de las víctimas no se puede ni se podrá suavizar nunca y menos todavía cuando, además, parece ser que se dialoga más con los asesinos de sus seres queridos que con ellas. Sí señor, quien lo diría, pero la expresión coloquial «el mundo al revés» tiene cada vez más sentido en la política actual antiterrorista de algunos gobiernos democráticos que en las mismas historias de ciencia-ficción. Hemos pasado en algunos casos de la defensa ante la amenaza y el asesinato terrorista desde las Leyes Fundamentales del Estado, a la complacencia y, en casos extremos, a la más injusta indiferencia. Estamos atendiendo a una situación de perplejidad absoluta en las sociedades que creen en la libertad y en la democracia sin condiciones y, más si cabe, en no rendirse ante la amenaza y el asesinato del terrorismo que pretende imponer el terror y eliminar la libertad y la dignidad humana. Es una gran oportunidad demostrar a los terroristas que si quieren la paz deben arrepentirse, perdonar a las víctimas, condenar estas mismas acciones, entregar las armas, colaborar con la justicia y cumplir con sus sentencias por los delitos cometidos. Ese es el verdadero perdón y la verdadera paz, lo demás son ambigüedades calculadas. Asistimos, lamentablemente, al juego estratégico e interesado de algunos gobiernos en firmar rápidamente una paz artificial sin casi pararse a pensar en el número de muertes provocadas por quienes ahora sonríen ante esta claudicación de la democracia.

La respuesta más manida y nada ética, cuanto menos transparente y humana que podría dar este tipo de gobiernos sería «se hace por razones de Estado». Varios capítulos hemos tenido últimamente en la escena internacional como es la apertura inverosímil al comunismo extremo de Cuba sin ninguna condición ni sanción por su barbarie y continua violación de los derechos humanos, a la indiferencia con el sufrimiento del pueblo venezolano, al blanco 'inmaculado' presente en la firma de la paz con las FARC y a tantos otros escenarios similares que desalientan y desaniman, más intensamente, a los que hoy no están con nosotros gracias a los terroristas. En España tenemos que soportar que algunos políticos presenten a Arnaldo Otegi como un hombre de paz y un político ejemplar presente en las instituciones públicas democráticas a las que con tanto odio y rencor ha combatido e intentado eliminar. Volvemos a ver pintadas con una diana y un 'Gora ETA' en paredes de personas democráticas e inocentes que no se callan ante la barbarie ni la amenaza. Las enfermedades se combaten hasta su extinción desde todos los sectores y no hasta que disminuyen los síntomas porque el peligro es su reproducción con mayor virulencia. Otro hecho es el inimaginable silencio absoluto de algunos partidos políticos que dicen defender la democracia pero que, sin embargo, no son capaces de condenar sin fisuras las agresiones a los dos guardias civiles de Alsasua. Agresiones que son, sin ninguna duda, propias de la kale borroka que tantos 'seguidores asesinos' ha dado a ETA y que algunos se atreven a justificar. Sin ir más lejos, hemos llegado a escuchar recientemente palabras de odio y rencor menospreciando la libertad y la democracia en el mismo Congreso de los Diputados de España. Tuvimos que ver como algunos diputados daban cobertura a estas palabras con aplausos y palmaditas en la espalda. Parece ser que no les importa, olvidan o les es indiferente que palabras como estas hayan causado casi mil muertes de hombres, mujeres y niños en España. Si les dan cobertura es porque creen en sus medios para conseguir sus fines. La misma consideración tienen aquellos que son críticos con la detención del jefe de ETA Miquel Irastorza.

Mientras algunos gobiernos practican políticas 'antiterroristas' para conseguir el Nobel de la Paz, nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se juegan cada día su vida para proteger las nuestras. Estas personas son las que merecen vestir este blanco inmaculado y un Premio Nobel de la Paz individual como también cada una de las víctimas del terrorismo. Requiere de una profunda y humana reflexión de todos los que creemos y representamos a la libertad y a la democracia del ser humano para evitar que cuanto más tiempo se practica un terrorismo mayor deseo de olvido, parece ser, aflora en algunos llamados demócratas. Por la memoria de las víctimas del terrorismo y, especialmente, por sus familiares que están hoy con nosotros les debemos gratitud, escucha y reconocimiento por su fortaleza ante este escenario cruel y nuestra firme convicción y compromiso, con hechos, en que no se le dará ninguna tregua al terrorismo sino que se buscará su extinción con la ley.