Las Provincias

SE IMPONEN LOS IMPUESTOS

El dinero hay que sacarlo de los que tienen poco. Son la mayoría, que no sabemos si es inmensa o suficientemente grande, pero es la única que se presta al saqueo. Los socialistas, que son entre todos los menos peores, están negociando con el PP las bases de los nuevos presupuestos antes de que se caigan por su propia base. Administrar la miseria no es fácil porque los pobres nunca se conforman con lo que no tienen, ya que siempre les parece poco lo que no basta. El inconfesable fracaso de las comunidades ha inducido al Gobierno a reconocer la urgencia de los nuevos presupuestos, que es peor de la que ya suponíamos. Dicho de otra manera: vamos a ser más pobres de lo que éramos. El tabaco, que creo que le hace toser a la gente de mi edad, y el alcohol, que ayuda mientras no perjudique, van a experimentar una subida que no es nueva porque siempre han tenido experiencia.

Ayer se celebró el llamado Consejo de Política Fiscal y Financiera. Hay que echarse a temblar después de haber sonreído. La vida cotidiana es la que más nos importa, porque incluso los viejos, que no aspiramos a vivir siempre, queremos estar vivos al día siguiente. Salvo los abstemios empedernidos y los que se proponen dejar un cadáver con un inmejorable aspecto de salud, no va a librarse nadie de los llamados nuevos presupuestos. Todo va a costar más, hasta que nos cueste la vida. Los pequeños placeres se vuelven grandes si forman parte de nuestras malas costumbres. ¿Qué sería de nosotros si no los hubiéramos adquirido? Son técnicas de consuelo tan reprobables como necesarias. Las personas que repasan minuciosamente los periódicos, página a página, como yo, sabemos que cuando no salgamos en él habremos pasado a peor vida. No debieran cobrarnos más impuestos por la estancia. Vayan pasando, señores impositores. Cada uno con su libreta de cuentas. El más allá no cae lejos.