Las Provincias

Estabilidad por abstención

La elevación del margen de déficit autonómico en una décima, del 0,5% previsto inicialmente por el Gobierno al 0,6% acordado ayer en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, reduce las desavenencias entre los ejecutivos territoriales y la Administración en materia financiera, y favorece la tramitación parlamentaria del techo de gasto dentro de diez días. Como cabía esperar, una vez que el PSOE decidió abstenerse ante la investidura de Rajoy es lógico que sus responsables autonómicos y sus representantes en las Cortes tiendan a mantenerse en una senda que equilibra su oposición al gobierno en minoría del PP con la necesidad de favorecer la gobernabilidad. Pende sin duda la amenaza de que, de lo contrario, la legislatura podría irse al traste, cuando los socialistas necesitan incluso más tiempo de sosiego del que precisa el país para reponerse. Pero pesa también el sentido de responsabilidad por el que ningún grupo parlamentario debería oponerse a la fijación de un techo de gasto que se atenga a las obligaciones contraídas con la Unión en cuanto al déficit público. Entre otras razones porque lo contrario no sería, en el mejor de los casos, más que un ejercicio de voluntarismo testimonial. Cosa distinta puede ser la discusión del proyecto presupuestario que tenga en mente el Gobierno Rajoy. La aceptación de una subida del 8% del salario mínimo interprofesional, vindicada por los socialistas, constituiría el puente idóneo para enlazar la más que probable aprobación del techo de gasto en el Congreso con la posterior tramitación de las Cuentas Públicas para 2017. Ante la disyuntiva de impedir que Rajoy se abra paso en este segundo mandato y la oportunidad de procurar una mejora social en la política presupuestaria, el PSOE ha visto la posibilidad de hacer de la necesidad virtud. Realza su actitud positiva y su capacidad de influencia sin, por ello, verse concernido por la 'política Rajoy'. Aunque abstenerse no es una opción en la que pueda eternizarse un partido, por remotas que parezcan sus aspiraciones para volver al poder. Del mismo modo que el Gobierno tampoco debería pretender salvar cuatro años de legislatura a cuenta de algún apoyo puntual y de una sucesión de abstenciones en las Cámaras. Superados estos primeros meses de encuadre presupuestario, una vida democrática sana exigirá que los acuerdos y las desavenencias se expresen de forma nítida.