Las Provincias

EL AQUÍ Y EL AHORA

Se habla mucho últimamente del mindfulness, una práctica de origen budista que se basa en la concentración y en la búsqueda de la conciencia plena. Es una técnica de relajación en auge desde hace un par de años. La idea es poner toda tu atención en pensamientos, emociones o sensaciones, sin emitir juicios, otorgándole todo el peso al aquí y al ahora. Debe ser rarísimo lograr concentrarte tanto en algo como para evadirte del todo. Además de darme miedo, mi eficacia, si solo pudiese enfocarme en una sola cosa, se reduciría drásticamente. Ahora mismo si salgo a correr, aprovecho para escuchar clases de inglés; cuando limpio la casa, oigo los últimos discos de mis grupos favoritos; puedo mantener cinco o seis conversaciones de Whatsapp a la vez sin equivocarme; contesto mails de trabajo mientras baño al niño y cuando saco al perro aprovecho para llamar a mis amigas.

Si tuviese que centrarme solamente en una cosa, perdería mucho. Suena bien eso de aquí y ahora, pero la realidad es que estoy siempre en mil sitios y en mil momentos, si no, no llego. No es del todo malo que tu cabeza no descanse. Puedes abstraerte si el del banco te empieza a dar la chapa con algún nuevo producto financiero, repasar la lista de la compra mientras tu marido te cuenta su día de trabajo o pensar en todos los países que te gustaría visitar en la reunión de vecinos. Tampoco tengo tan claro que ser plenamente consciente de lo que nos rodea sea demasiado bueno. Hay muchas cosas que intuyes, o que incluso sabes, pero prefieres arrinconarlas en el cerebro. A través del mindfulness se harían demasiado evidentes. Que tu amiga es una cretina, tu jefe un ególatra y lo peor, que tú tienes algo, todos los tenemos, que preferías no haber destapado. En casos así, viva la inconsciencia.