Las Provincias

Responsabilidad social

Con la ironía que le caracteriza, el presidente de Baleària, Adolfo Utor, explicaba, días atrás, cómo la marcha del mundo de la economía había puesto de moda, en los últimos años, «unos conceptos, como el de la responsabilidad social, que resulta que nosotros ya veníamos practicando desde tiempo atrás». Transmitir a la sociedad una parte de los beneficios anuales, sentirse comprometido con el entorno, favorecer el encuentro de la cultura por allá por donde se pasa, sentir el pulso de la acción social, son obligaciones que las empresas de este tiempo toman, en uso de su libertad, una vez han entendido que sobrevivir a la borrasca, crecer y tener beneficios, son los pilares de su acción... pero no son los únicos disponibles.

Adolfo Utor, el emprendedor de Dènia, recibió el premio de la Asociación de Periodistas y Escritores de Turismo por su acción en beneficio del turismo pero también por su responsabilidad social. «Con el tiempo -decía- resulta que un concepto como el de la reputación, quién lo hubiera pensado antiguamente, puede suponer más del 50% del valor de los activos de una compañía».

Todo esto viene a colación por el regreso, al Colegio del Patriarca, de los tapices que la Fundación Iberdrola ha restaurado en la Real Fábrica de Madrid, en un proceso que tiene tanto de científico como de artístico; y que requiere una calidad que solo es fruto del buen gusto... y de inversiones muy importantes.

Poco antes de la Navidad de 2013, ante el presidente Fabra y la alcaldesa Rita Barberá, el Consell Valencià de Cultura entregó su máxima distinción a Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, que en la última década ha venido mostrando por Valencia una sensibilidad muy notable. Allí, en palabras de Santiago Grisolía y del propio Alberto Fabra, quedó de relieve que el mecenazgo es una virtud antigua que sigue viva a pesar de que tenemos vigente en España una Ley de Mecenazgo manifiestamente mejorable.

Iberdrola tiene sus raíces en Valencia, a través de la antigua Hidroeléctrica Española, y en los embalses del Duero explorados por empresarios vascos. La electricidad que hizo posible la España de los años veinte y treinta nació del esfuerzo acumulado sobre ríos, presas y turbinas implantadas sobre territorio complicado y duro. Lo que parece ahora normal, el bienestar eléctrico, no sería posible sin sacrificios antiguos. Y son estos valores, sobre los que se discurre poco, los que llevan a las empresas más sensibles a vincularse al terreno a través de la acción cultural.

Es una alegría comprobar que el impecable ejemplo de Mercadona en Valencia, sus acciones sobre el patrimonio, no viajan en solitario. Hay otros empresarios, otras empresas, que se están sumando a la caravana, como hoy se podrá ver, nuevamente, en el Patriarca. Solo falta que podamos tener una Ley de Mecenazgo más generosa; y que la Fundación la Caixa encuentre hueco para cumplir su compromiso con Valencia.