Las Provincias

Patrimonio de la Humanidad

No por esperado resulta menos satisfactorio el acuerdo de la Unesco por el que se reconoce a las Fallas de Valencia como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. La idea que se lanzó en 2003 y que comenzó a tomar forma entre 2008 y 2010 finalmente ha cuajado y a partir de ahora la fiesta valenciana puede lucir con orgullo un título que sin ninguna duda merecía. Porque las Fallas son algo más que el ritual del fuego que conocen muchos turistas y que atrae a miles de visitantes. Algo más que los artísticos ninots y los monumentos que desafían las leyes de la gravedad. Algo más que la ilusión de los cien mil falleros que cada año desfilan a los pies de la Virgen de los Desamparados. Las Fallas es, por encima de todo, la fiesta de todo un pueblo, la expresión del carácter valenciano, de un talante abierto, expansivo y creativo. Una celebración que alcanza a todos los barrios y que también se extiende por municipios de Castellón, Valencia y Alicante. Pocas fiestas en el mundo contienen esos elementos propios de las Fallas, una diversidad que se manifiesta en las calles decoradas e iluminadas, en los castillos y las mascletaes, en la participación de las bandas de música, en todas y cada una de las facetas que hacen de esta celebración un fenómeno singular y ahora universal, abierta a todos, sin restricciones, una auténtica fiesta popular. La declaración de la Unesco es una especie de sello de calidad, una medalla, un título que se puede exhibir pero que también obliga a extremar precauciones y controles para evitar problemas recurrentes que no contribuyen a engrandecer la fiesta y que no pueden ser considerados como irresolubles por la Administración local. Pero hoy no es momento de preocuparse por los problemas que pueden surgir como de disfrutar por el reconocimiento a una seña de identidad de los valencianos que desde ayer es compartida con el resto de la Humanidad. Las Fallas son ya universales.