Las Provincias

Un gran español

No creo en ningún dios ni practico religión alguna. Sólo me plantearía hacerlo si fuese una ocurrencia salida de la ingeniosa mente de Eduardo Mendoza, por el que sí que profeso fe absoluta desde los tiempos en que se afanó en descubrir la verdad sobre el caso Savolta. Me he metido en criptas, laberintos, islas, diluvios y riñas de gatos con tal de seguirlo, lo cual prueba de mi fidelidad. Decía el reciente premio Cervantes en una de sus novelas que los españoles «tienen un oído fino para las conversaciones que no les conciernen y ningún reparo en interrumpirlas para exponer su opinión, que cada cual da no sólo por buena, sino por definitiva». Recordaba esta frase hace unos días pensando en las características y rasgos que distinguen a un buen español de uno malo. Porque al parecer la españolidad se mide y se calibra.

El día en que falleció Rita Barberá la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, la definió como «una gran española». Y fue entonces cuando me asaltó la duda sobre lo que querría decir con ese calificativo. Lo de ser grande en según qué disciplinas es algo bastante intangible. A menudo se suele calificar de gran deportista, gran cantante o gran actor a aquel que ha acumulado mayor número de éxitos, confundiendo grande con exitoso, que no tiene por qué ser lo mismo. En cualquier caso no conozco trofeos ni títulos cuya consecución te hagan ser mejor español. Ni ningún tratado o manifiesto en los que se expongan las condiciones para adquirir tal distinción.

Podríamos convenir, por ejemplo, que un gran español es aquel que consigue que el nombre de España se haga célebre en distintas partes del mundo o que muestre sus costumbres más allá de las fronteras, alguien cuyo trabajo sirva para que este país sea conocido o reconocido en determinados ámbitos. Fernando Trueba ha hecho todo esto. Consiguió un Oscar por 'Belle Époque', un galardón que otorga una visibilidad notable y que han logrado pocos profesionales. Más tarde volvió a ser nominado por la cinta 'Chico y Rita'. Un repaso a su filmografía (que se ha exportado a pantallas internacionales) permite entender las costumbres, vicios y capacidades de los que vivimos en este país y somos, por tanto, españoles. Pese a estos méritos unos cuantos han considerado que Trueba no es un buen español y se ha organizado un boicot para que no se acuda a ver su película (en la que trabajan actores y técnicos españoles, que cotizan en España y contribuyen al PIB español, lo cual no parece un acto muy español). Todo se debe a que al director se le ocurrió criticar con humor en un discurso los nacionalismos exacerbados. Es curioso cómo se aplaude el reproche a unos nacionalismos extremos, pero se censura cuando se ponen en cuestión otros. Me gustaría pensar que entre las virtudes de lo que llaman 'gran español' está el sentido crítico y el respeto. Eso nos permitiría exponer discursos y usar alabanzas menos huecas.