Las Provincias

¡Gracias, doña Rita!

Por todo el bien que hizo por Valencia y los valencianos, ¡gracias, doña Rita! Su gran corazón no resistió el injusto y cruel acoso de las hienas. ¡Descanse en paz! Estas fueron las breves palabras que brotaron de mi alma al firmar en el libro de condolencia dispuesto en el Ayuntamiento de Valencia. La gran afluencia de público para honrar a la mejor alcaldesa de Valencia prolongó hasta tres horas de espera el acceso al Salón de Cristal del Consistorio. No obstante, mi mujer y yo nos dimos por satisfechos sin importarnos para nada la espera en aquella larga cola. La personalidad y grandeza de doña Rita se lo merecía sobradamente. Nos llenó de satisfacción comprobar el inmenso cariño que emanaba de aquel rio de gente lleno de humanidad que desde la calle de la Sangre avanzaba lento y triste, pero con las mochilas llenas de amor y de agradecimiento para honrar las memorias de doña Rita Barberá. Los tres días de luto oficial se han quedado cortos para el noble sentir del pueblo valenciano. El vacío que dejará en muchos actos tradicionales y religiosos de la ciudad, será enorme. Echaremos de menos su saludo y su sonrisa. Su inesperada pérdida ha sido una tremenda desgracia. Los errores y las malas maneras de unos, junto con los odios y rencores de otros, nos han arrebatado una gran mujer. También es cierto que ante flagrante injusticia, los valencianos de bien no supimos reaccionar ni arroparla como merecía. Por todo ello, perdón por nuestras flaquezas y gracias por sus incuestionables grandezas. ¡Hasta siempre, doña Rita!