Las Provincias

La formación del profesorado. Prácticas o MIR

Se sigue, como han podido leer estos días (LAS PROVINCIAS del 21-11-16) tomando referencia del sistema MIR al hablar de la formación práctica de otras carreras universitarias. En esta ocasión el profesor Chust Torrent, vicedecano de Pedagogía de la UCV, lo titula MIR educativo, término que el Profesor Marina introdujo mediáticamente en su 'Libro blanco de la profesión docente y su entorno escolar'.

Ya me manifesté públicamente hace poco más de un año (LP 7-12-15) sobre la necesidad de un periodo de prácticas en casi cualquier grado universitario que me parecía imprescindible, pero que la comparación -siquiera lejana- con el sistema MIR me parecía inapropiada. Trataré de resumir mis razones.

El sistema MIR no es un estrictamente un sistema de prácticas sino un modelo de Especialización Médica, donde se trata de llegar a la condición de experto en una materia con la combinación simultánea de teoría y práctica. Descansa sobre la base de una formación académica previa en el que las Especialidades han sido estudiadas de una forma teórica rigurosa pero con escasa formación en la práctica técnica. Es fácil comprender que un gran cirujano pueda explicar y hacer entender bien las bases de la Traumatología General, pero que le es imposible que todos sus alumnos acaben el curso dominando a la perfección la Cirugía de la mano, por poner un ejemplo. Como mucho habrán participado como observadores, en directo o a través de medios audiovisuales, pero eso no los capacitará en absoluto para intervenir sobre una mano de un paciente.

De lo que se trata en el sistema MIR es convertir a un Licenciado en Medicina, título que le faculta para ejercer la profesión en España, en un Especialista experto con un Título que lo acredita.

El sistema MIR es exitoso porque combina las aportaciones teóricas en forma de sesiones científicas, con la formación práctica al pie de la cama del paciente y en las diversas salas de exploraciones de tratamientos especiales, para la adquisición de habilidades específicas. Formación práctica tutelada, de forma decreciente conforme a los progresos en sus conocimientos y participando de forma creciente en las actividades propias del Servicio. Todo ello poco a poco conformará su currículo estando sometido, además, a una evaluación anual.

La puerta de entrada al sistema formativo, que lleva muchos años funcionando, es un riguroso examen de conocimientos que persigue establecer un orden de los aspirantes para la elección de Especialidad y Centro en el que formarse. No son pocos los que descubren que se han equivocado en su elección y, tras renunciar a la plaza alcanzada, intentan deshacer el entuerto volviendo a presentarse al examen nuevamente y elegir mejor.

Todo ello con tres características: 1) la entrada en el sistema es voluntaria, aunque condiciona mucho las posibilidades profesionales, a costa de prolongar la formación médica hasta en 3 a 5 años. 2) la participación de los diversos Servicios en el sistema es, asimismo voluntaria. Son los propios Servicios Médicos los que solicitan poder formar MIR, y lo pueden hacer si el Consejo Nacional de Especialidades estima su idoneidad (de las personas que conforman el equipo, del número de pacientes que atienden, del número y clase de exploraciones y técnicas que aplica, de su actividad y calidad investigadora). 3) Por último el sistema remunera, aunque poco, a los profesionales en formación que además van prestando servicios profesionales que son un apoyo imprescindible para el Centro, pero no a los docentes para los que es a la vez una carga y un estímulo.

El sistema MIR ha funcionado muy bien durante muchos años, se ha ido adaptando a las necesidades y evidentemente es perfectible. Ha ido incorporando Especialidades o cambios en sus programas, cuando éstas se iban formando o cuando sus miembros estimaban la necesidad de modificarlos, como la Especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria, esta sí una forma de adquirir práctica clínica de los Licenciados generalistas, a costa de prolongar su formación tres años más.

Sigo convencido de que la formación práctica es imprescindible en prácticamente todas, las ramas del conocimiento, como el Prof. Chust señalaba en su artículo, pero eso no es asimilable al concepto de Especialización. Por este motivo pienso que hacer mención al sistema MIR en el sistema pedagógico es incorrecto, salvo en disciplinas especiales no desarrolladas durante el grado. En los restantes deberíamos hablar sólo de adquirir habilidades prácticas.

Lo de remuneradas o no es opinable, lo de obligatorias o voluntarias es discutible, lo de imprescindibles o no para ejercer en un determinado medio (por ejemplo la escuela pública) puede ser hasta políticamente más correcto, pero no debería requerir hacer un examen para acceder a la formación práctica en la enseñanza cuando todos los autores expertos en la materia la consideran imprescindible.

Cierto es también, como señala acertadamente el Prof. Chust, que entran en juego no sólo los conocimientos sino también, y a menudo en proporción no menor, las aptitudes personales que no siempre pueden ser reacondicionadas por la práctica. Qué duda cabe que habrá magníficos conocedores de las matemáticas o de las ciencias sociales que nunca serán "buenos profesores". Sus aptitudes para comunicar, para controlar una clase, para relacionarse con las familias, pueden ser estimuladas y entrenadas pero no creadas y habrá personas que no las tendrán nunca, aunque lo intenten con todo su empeño. Probablemente, como los MIR que descubren que se equivocaron al elegir una especialidad, deban reconducir su elección profesional. Eso puede ser muy doloroso cuando se descubre tarde o se lo ponen de manifiesto otros más tarde aún, pero iniciarse en la práctica profesional real es una manera de averiguar si su elección primera fue, por desgracia errónea, cuando se está en los primeros escalones de la profesión y es más fácil o, en todo caso, menos duro reconducir la trayectoria vital en otra dirección.