Las Provincias

Te has ido como los grandes

Mi compañero Pablo Salazar titulaba 'En estado de shock' uno de los artículos que ha escrito estos días. Así, exactamente así, es como quedé tras conocer a través de un colaborador tuyo la noticia de tu muerte. Sin palabras. Sin fuerzas. Muda. Por eso este espacio semanal que ocupo los jueves no llevaba mi firma la pasada semana.

Hoy, que recupero la palabra, no lo haré para engrosar la lista de los que han decidido pontificarte cuando ya no estás. Ni de los que tras tu muerte han descubierto la presunción de inocencia. Porque se puede respetar a la vez que se informa.

Me ha venido estos días a la cabeza una reflexión que convertí en artículo en este espacio el 5 de mayo en el que calificaba de intolerable que una sentencia tarde años en fallarse y me preguntaba cómo y quién repara el daño que durante ese tiempo sufren quienes en muchos casos resultan inocentes. Fue tras la absolución de Luis Esteban y Miguel Navarro en el caso Terra Mítica. En el proceso judicial contra tres exdirectivos del Instituto Valenciano de Finanzas, también me referí a ello en ese artículo, la propia Audiencia señalaba que «nunca debieron formar parte del juicio» y que la acción entablada contra los afectados fue «temeraria, con mala fe, exenta de base jurídica y de pruebas». Hoy vuelvo a dejar estas líneas escritas para que no las pasemos por alto.

Tampoco voy a emplear este espacio en glosar tu figura política. Basta con darse un paseo por Valencia y abrir bien los ojos.

Yo quiero hablar de otra cosa de la que mucho se ha escrito estos días al apuntar la causa natural de tu muerte, el corazón. No he sido nunca amiga personal tuya. No he pertenecido a tu círculo íntimo. No he estado de fiesta contigo, salvo en Fallas, como toda Valencia. Ni en nuestra querida Jávea. Siempre cenamos o comimos acompañadas por motivos profesionales. Tampoco estuve entre los que acudían a la sede de tu partido a celebrar tus victorias electores. Las seguí todas en el periódico.

Nuestras conversaciones, en las que no faltaba algún taco, casi siempre fueron por motivos profesionales. Coincidíamos mucho y otras veces discrepamos. Y discutimos. Y nos embroncamos. Pero siempre percibí un feeling especial. «Llamad a la Grimaldo», cuentan tus concejales que decías cuando lo publicado no era de tu agrado. Los últimos tiempos, lo hacías tú directamente. Número oculto en mi pantalla del móvil y Rita Barberá al otro lado. «Sólo pido respeto y justicia», decías siempre para cerrar nuestras conversaciones.

Pero insisto. Escribiré de tu corazón. Porque me gusta saber de lo que hablo. Y doy fe de que era inmenso. Tuve la suerte de comprobarlo, como seguro tus más cercanos, en un momento amargo de mi vida. Sé cuanto te preocupaste e interesaste por mí. Me llegaba por todos los lados. No lo olvidaré nunca, Rita. Tampoco, que una vez recuperada jamás me mencionaste ese tema.

Alcaldesa, te has ido como los grandes. Tal cual eras. Las Fallas ya son Patrimonio de la Humanidad. Tú sabes lo que has luchado por conseguirlo. Descansa en paz, Rita. Sólo eso le pido a Dios, que te dejen.