Las Provincias

CARTERO

Imposible no acordarse de la novela 'Cartero' escrita por Charles Bukoswki donde retrata parte de sus once años como currante en una oficina de correos. Atravesamos esas páginas con el alter ego del autor, Henry Chinaski, y vivimos con él sus borracheras, sus resacas mañaneras, sus encuentros sexuales y, sobre todo, las miserias que acompañan al oficinista que lucha contra la alienación de un trabajo repetitivo, de unos compañeros lobotomizados y de un jefe tan absurdo como mezquino.

Y digo que es imposible no acordarse de esa ácida, divertida y amarga novela autobiográfica ante un dato espectacular que, entre nuestros pitos y nuestras flautas, ha pasado bastante desapercibido. Me explico: para las 1.606 plazas a cartero que se ofrecen se han presentado 120.000 personas. Se me antoja un noble y necesario oficio esto de ejercer de cartero y, además, tal labor segrega cierto perfume literario pues, incluso en estos tiempos de redes sociales, incluso entre el pútrido marasmo de facturas, quiero creer que alguna carta de amor o de odio, de prosa robusta, se desliza entre tanto sobre impersonal. El cartero, al fin y cabo, camina en permanente contacto con la palabra escrita y el papel. Pero claro, salvo algún romántico preñado de vocación, intuyo que la mayoría de esas 120.000 personas sólo buscan en ese puesto de trabajo una plaza fija y un sueldo seguro de por vida. Se demuestra así que, en general, al español no le seducen las audacias del emprendedurismo ni las vicisitudes de las aventuras libres fertilizadas por sueños de grandeza y conquista, sino el platito caliente diario sobre la mesa camilla (con brasero) y la reparadora rutina sin duda gris, sí, pero confortable y plácida. Sospecho también que si esos 120.000 esforzados opositores hubiesen leído 'Cartero', la mitad se desapuntaba.