Las Provincias

EL PP RENUNCIA Y LLEGA LA CALMA

Está feo citarse: «El multipartidismo podría convertirse en una oportunidad para retejer los grandes consensos de la última generación de la EGB» escribí en febrero. «Es aquí donde veo una oportunidad del ansiado pacto por la Educación». Y en ello estamos. Ayer, la primera concreción del acuerdo alcanzado en el Congreso entre PP, PSOE y Ciudadanos: la Lomce popular, en el tema de las evaluaciones, vuelve a la LOE socialista.

El momento, pues, es inédito para la escuela española. Por primera vez, el consenso nace político. La semana pasada, en el Congreso; ayer, entre las administraciones; mañana, quién sabe.

Ya casi vale la pena que esta legislatura sea más larga de lo que se vaticina, si de ello depende que la nueva reforma sea realidad. Una Ley Básica de la Educación, que en siglas ya andamos escasos, que, por lo que se barrunta, adopta la estrategia de mínimos. Con la suficiente ambigüedad que permitirá desarrollarla a todos los aspirantes a gobernar algún día.

Está claro que los políticos se aprovechan mejor en el filo del abismo. Y que la oposición pactista se quiere cobrar la pieza de la Lomce, y el partido gobernante ha aceptado librarla. La discusión de si modificarla o derogarla es nimia, ya se reconoce que a la Lomce le queda poco. No habrá que echarla de menos, no obstante, si lo que la sustituye la supera, o al menos perdura, pues a estas alturas parece más deseable una mala ley que dure que aquello que sea efímero.

De inicio, ayer, el Ministerio cumplió de sobras la palabra dada por Rajoy de que las reválidas no tendrían vigencia hasta que no se llegue al pacto. Y tanto, pues ya no hay reválidas. El PP se suma así a la unanimidad que rechaza las evaluaciones externas y acepta: primero, que no sean censales, es decir, que no las pasen todos los alumnos; segundo, que no tengan validez académica, sino sólo carácter diagnóstico. Tras tanta discusión, por tanto, volvemos a la LOE.

La reválida en la ESO se sustituye por una evaluación muestral, unos cuantos centros a decisión autonómica, que sirva de testeo del sistema educativo. La última -y única- de este tipo se hizo en 2011. Los alumnos conseguirán su título de la ESO tras terminar su cuarto curso con aprovechamiento, y también, parece, titularán en la ESO los que estudien FP Básica. Así, se acepta la pasarela de retorno del itinerario básico profesional a la académica.

La otra decisión aceptada en la Conferencia Sectorial es que la evaluación de final de Primaria también pierde su carácter censal y pasa a ser un diagnóstico del sistema educativo. Nunca tuvo validez académica y ahora se difumina su diagnóstico, pues ya no se conocerán cómo funcionan los centros, sino el territorio en su conjunto.

Y es que uno sospecha que lo que más reacción provoca de estas pruebas es que su unidad de evaluación es el centro, lo que preocupa más al sistema que cuando se evalúa al niño o al territorio. De las autonomías, ya sabemos, el Norte estará mejor que el Sur, el Centro que el Este. Y a los niños, los suspendemos o aprobamos igual, internamente. Lo que más cuesta entrar en nuestras aulas es la transparencia, conocer cómo funcionan los centros, por si se comparan. Ahora se aplaude el nuevo consenso por una evaluaciones de diagnóstico, pero aquí en la Comunitat ya llevamos un par de años sin conocerlas. Para qué evaluar, si luego se queda en los despachos.

Las únicas reticencias en la Conferencia Sectorial han sido las nacionalistas, que sospechan con escepticismo que la ola pactista les abra una brecha en su muro escolar.

Con todo, no es momento de recuperar tensiones, sino de aceptar los tiempos nuevos que nos encaminan a un pacto. De mínimos, eso sí. Y sin contraste, con las renuncias del PP a las evaluaciones externas y a la transparencia. De esta forma, desaparecen las posiciones en el debate que defienden la gestión educativa desde la perspectiva de los resultados, quedando de nuevo, como único paradigma, la valoración según los recursos que se destinen. Más inversión, mejor Educación, y así. Tras la calma retomada, habrá que ver los debates que se abren en torno al pacto educativo en la subcomisión del Congreso aprobada. Ahí está la clave.

Y de paso, en clave autonómica, la Ley Valenciana de Educación anunciada por el Pacto del Botánico puede quedar en barbecho o en papel mojado, pues difícil es elaborar una normativa autonómica con un marco estatal en revisión.