Las Provincias

LA PLAGA DE LAS REFORMAS

Líbrenos la diosa Neorreforma de caer en sus ensueños! El vértigo y delirio infinitos que ella -tan astuta- sabe espolvorear sobre el ambiente, nos puede convertir en perennes reformadores, poseídos de prisas y vehemencias. Capaces somos de triturar, con dos apisonadoras, todo el sueño urbanístico de una plaza esplendorosa. O aunque no resultara nada gallarda ni bien lograda, igual nos apresuramos a hacer cisco la panorámica de todo un gran espacio, testigo y cuna de varias generaciones. Así podemos abatir los orgullos y los recuerdos enteros de cualquier época. Y convocarnos ya para la próxima, sucesiva, autodestrucción.

Pero ahora estamos ante un proyecto, anunciado a voces, y eso es lo que habrá que atender. La modificación de la plaza de la Reina, tan variable y retocada, ya está en turno para comenzar a transformarse. ¡Que los luceros del urbanismo iluminen esa tarea!

Más, véase enseguida, cómo ha saltado al escenario de la actualidad, e incluso puede que ya se anticipe, otra reforma de una plaza no menos importante para esta ciudad nuestra. La plaza del Ayuntamiento ya es objeto de propuestas que plantean su total transformación. Y hasta quizás pueda ocurrir que se adelante a la muy veterana idea de mejorar la plaza de la Reina. Lo que ahora se quiere es meterle reforma total a la otra gran plaza central de nuestra ciudad, que hemos ido conociendo con los sucesivos nombres de San Francisco, Emilio Castellar, Caudillo y Ayuntamiento.

No hace un siglo que aún pudimos gozar de su amplio espacio central como extensión ajardinada, con mostradores altos por sus esquinas, llenos de flores, a la venta y a la vista. Luego se hizo, concienzudamente, la modificación monumental de Goerlich, con altura, escalinatas, pérdida de perspectivas, y el mercado de flores, en una replaza, allí adentro, semi-sepultado. Todo lo cual, finalmente, fue al derribo y se suplantó por un extenso garaje al aire libre. Que, a su vez, también se suprimió. Y así llevamos, tiempos y años. De pronto, nos acordamos, rápidos, de que eso puede seguir reformándose más. Y lo juntamos a las mil propuestas sobre nuestra bella durmiente.