Las Provincias

MICROSCOPIO JUSTICIERO

Enfrentarse al poderoso y chequear con minucia las zonas oscuras de su rebotica supone conseguir vitola de héroe. Pero ninguna empresa, pequeña, mediana o grande, relacionada con el sector de la distribución de alimentos o, por ejemplo, los medios de comunicación, resiste una radiografía exhaustiva pues siempre encontraremos damnificados, resentidos, víctimas sinceras o tipos que no vieron cumplidas sus expectativas. Esto es ley de vida, qué le vamos a hacer, ya sabemos que el mundo perfecto, por desgracia, no existe. Cuando se enchufa el microscopio justiciero contra una persona o un negocio las grietas se manifiestan porque cualquier edificio paquidérmico muestra fisuras en su estructura. Sin embargo, buena parte del personal compra gozoso esos surcos pues lo que subyace en todo esto es, digámoslo sin florituras, el odio al rico. En España se sospecha siempre de todo aquel que haya levantado un gran tinglado y que haya cosechado una gran fortuna que te traslada a la lista Forbes. Ya puedes dedicarte al textil, a la siderurgia o a los supermercados, si el triunfo te acompaña es porque los niños de los países paupérrimos cosen pantalones, los chatarreros se sangre y cielo recogen quincalla en los contenedores o los proveedores pasan por el aro de la disciplina prusiana. Nos cuesta reconocer los méritos de nuestros empresarios pero nos encanta ventilar sus posibles trapacerías. En otras latitudes de escaso paro se admira al triunfador y se le escucha, y este jamás oculta ni su billetera ni su patrimonio. Aquí los multipelas guardan silencio no tanto por elegante discreción, sino porque saben que les propinarán tremendos palos contra la chepa. Aquí los progres admiran a un capitalista salvaje como Steve Jobs porque lucía camiseta enrollada, pero desprecian a los que pagan 76.000 nóminas al mes.