Las Provincias

Entre todos la mataron y ella sola se murió

Ha muerto doña Rita Barberá. Una mujer de carácter, trabajadora, con una gran fuerza interior, luchadora y entregada durante muchos años a Valencia y a los valencianos. Que Dios la tenga a su lado.

Desde que fue separada de su partido, ahí debió empezar su calvario; debió ser muy duro y después, las acusaciones, tanto políticas como mediáticas, parece ser que fueron mermando su gran voluntad debido al gran dolor interior que debió soportar. El que no ha pasado por acosos, más o menos similares, no puede comprender lo doloroso que es entrar en una depresión en la que se apagan todas las luces del alma y todo parece derrumbarse encima de ti. Triste dolor cuando todavía no se había demostrado nada ni culpabilidad alguna de lo que, supuestamente, muchos la acusaban.

Tanta tristeza habrá soportado que el motor principal de su cuerpo dejó de funcionar cuando menos lo esperaba.

Ante esta situación no cabe otra cosa que, al menos, orar durante un minuto de silencio por su alma, por sus errores y aciertos personales, pues todos hemos y seguiremos cometiendo hechos malos y buenos mientras estemos en este mundo; claro que todos menos aquellos que están limpios de cualquier culpa, como esos individuos que son puros y no cometen errores y tienen a menos condolerse con los que no piensan como ellos; porque son los que están destinados a cambiar el mundo y a imponer la pureza como la que pusieron en otros países donde sus asesoramientos convirtieron en ciudadanos que no tienen dinero ni alimentos para sobrevivir. Sí, esos cuyos votantes deben tomar nota y meditar si la política es una dedicación en pro de los demás o un fin para ocupar un sillón de mando. Hoy lo han demostrado con su proceder.

Comparto el dolor de sus familiares.