Las Provincias

Cultura en la Safor

El año pasado, una hormigonera que trabajaba en la iglesia del monasterio de Sant Jeròni de Cotalba, proporcionó una gran sorpresa a los técnicos que vienen trabajando hace tiempo en la restauración del recinto: en el suelo de una de las capillas situadas bajo el coro se produjo un hundimiento que mostró la posibilidad de que allí hubiera una cripta. Poco después, cuando una cámara y un palo de 'selfi' pasaron por la pequeña oquedad, la puerta de lo desconocido se abrió de par en par ante los técnicos: igual que ocurrió en la catedral de Valencia con los ángeles músicos ocultos durante siglos, la docena de calaveras que salieron en la foto hicieron presagiar una gran aventura científica.

El arquitecto e investigador histórico José María Barrera Puigdollers, la arqueóloga Manuela Raga Rubio y el patólogo Marcos Miquel Freucht, después de un año de trabajos hechos con todo rigor y por separado, han reunido conclusiones y determinado que en la cripta hallada e investigada en la iglesia se han localizado esqueletos de doce miembros de la familia March entre los que están Pere March, mayordomo del promotor del monasterio, supervisor de las obras y padre del gran poeta, y las dos esposas que tuvo, Joana Escorna e Isabel Martorell, hermana de otro notable literato de la tierra, el inolvidable Joanot Matorell.

Durante los últimos días, la noticia ha ido fluyendo, desde Alfauir, hacia el ámbito cultural, literario e histórico que, alrededor del mundo, conoce y estima la cultura valenciana del Siglo de Oro. Críticos de arte, historiadores y arquitectos, arqueólogos también, se han puesto a analizar lo investigado en la Safor, que el viernes fue presentado a la prensa y el domingo a todo el que quiso acercarse al viejo monasterio. Y no diré nada extraordinario si anoto que en estos momentos hay empate entre el interés que el hecho ha despertado en Valencia con el que están manifestando los no pocos periodistas y expertos catalanes atraídos por la confirmación de cuanto hasta la fecha solamente se intuía.

Los investigadores han trabajado con medios, tecnología y procedimientos no muy distintos de los que vemos en el cine. Defectos físicos conocidos documentalmente se están probando con los huesos. Las pruebas de ADN son el último escalón que resta subir para volver a comprobar las relaciones familiares de los enterrados en el siglo XV. De modo que es más que reconfortante constatar el éxito de lo que se hace bien, y cómo adquieren más valor piezas clave del patrimonio cultural valenciano, como Cotalba.

Quizá todo esto hay que anotarlo en una página especial, la dedicada a la colaboración público-privada. Porque el domingo, junto con la familia Trenor, que es propietaria del monasterio de Sant Jeròni de Cotalba desde el siglo XIX y como tal sufraga los gastos de la excavación y la investigación, estaban, particularmente interesados, Albert Girona y Enric Morera. Su presencia era a título personal, pero es de las que cuentan.