Las Provincias

BOGOTÁ OTRA VEZ TAURINA

Gustavo Petro, el alcalde que abolió los toros en Bogotá, cayó en las últimas elecciones y los toros vuelven al coso de La Santamaría. El artífice de tan notable noticia para el mundo taurino ha sido el abogado y empresario colombiano, Felipe Negret: «No nos avergüenza defender la Tauromaquia, y vamos a lograr que las iniciativas en las que está trabajando el lobby antitaurino no tengan aprobación».

Y se extiende el empresario colombiano: «Estamos ante el debate de dos minorías -una muy bien financiada y otra dispersa- y una gran mayoría ajena a esta polémica. En el caso de Bogotá, ganaderos y novilleros hicimos un frente común. Por fin sentí la unión de un sector que lo necesita más que nunca porque el problema no está en la ciudad, sino en todas las plazas de Colombia».

Y de las españolas, añadimos nosotros. Siendo este un claro ejemplo del que debería tomar buena nota el sector taurino de nuestro país, llama la atención que algunos apoderados, según declaraciones del propio Felipe Negret, no hayan colaborado cuando han sido reclamados para confeccionar la que será la feria de la reapertura de uno de los enclaves paradigmáticos de la Tauromaquia allende los mares: «Bogotá no entiende que un apoderado diga: 'No lo veo, es que no lo veo'. ¿Será que no entiende el momento por el que pasa la Fiesta? No es daltonismo, es ceguera».

Por su parte, el empresario desliza en sus declaraciones como causa de ese «no lo veo, no lo veo», el capítulo de honorarios. Conociendo las reglas del juego y también las ganaderías elegidas en los ajustes con Juli, Hermoso, Perera, Rafaelillo, Garrido, Castella y Roca Rey, sólo lo económico no ha debido ser lo esencial. Además, de los quince puesto totales, ocho estaban ocupados por los toreros que le han ayudado a sacar el proyecto adelante, lo que le reducía el margen de maniobra para colocar al grupo de Matilla, (Manzanares, Talavante, Fandi y Padilla), que parece es el destinatario de los dardos del empresario.

Así que Negret, enhorabuena, pero las verdades a medias confunden.