Las Provincias

PASES Y MIEDOS

Aunque el mundo sea cada vez más global y tal, en la naturaleza humana está el ir cada uno a lo suyo, de modo que es la educación, el esfuerzo personal y social, lo que nos permite mirar a los demás como miembros de un mismo proyecto colectivo, el de un país o una asociación, tanto da. Aunque no estemos de acuerdo con ellos. Por eso, por la vocación de intentar ir todos a una, llama la atención cuando se presencia una entrevista a un ministro al que se le cuestiona el modo en que las subidas de la luz nos van a estrangular a todos y el hombre te responde con una estadística sobre el incremento de las ayudas a familias que sufren precariedad energética. Es que ya sólo el modo de explicarlo da miedo.

Por eso también, cuando aparecen las cifras de empleo y alguien sale a sacar pecho, pues también uno se pregunta si caminamos hacia modelos como el estadounidense, donde uno puede estar trabajando para la mayor cadena de supermercados, o para la multinacional de comida rápida más grande del mundo y, tras la jornada laboral, dormir en un albergue social junto a sus hijos, cobrando nómina.

Los números son muy sufridos y el papel lo aguanta todo, pero no solo los datos y los mensajes soportan el choque con la realidad. También los símbolos. Si tú asimilas, pongamos por caso, que Rita Barberá es el símbolo de la corrupción en España sin haber sido juzgada por ello y estás en tu casa y te enteras de que fallece, hasta te puedes quear un poco igual porque no ves a una mujer de 68 años, sino un símbolo, y de ahí los tuits de unos cuantos miles de ciudadanos diciendo barbaridades. Sin embargo, otra cosa es si tú vas a diario al Congreso, trabajas allí, y ves a esa mujer por allí un día y otro, hablando con estos y aquellos, haciendo cola para un besamanos Eso es lo que les ha pasado a los congresistas de Podemos, que ves a esa persona. O no. Porque si el día que se muere, un par de horas después, abandonas el Congreso porque te parece que el personaje no merece tu presencia allí pues, ciertamente, es que ya no ves a la persona. Como el ministro de energía que no ve a los que se alumbran con velas, o el de trabajo que no sospecha lo poco que se puede cobrar teniendo «un trabajo como Dios manda». Que eso ocurra con las figuras políticas internacionales tiene un pase. Que te ocurra si aún no te has instalado en las instituciones, no pusiste una bandeja en el restaurante de la Camara baja junto a un diputado del PP, o no tienes otra referencia sobre este o aquel tipo más que cuando protestas a su paso en un acto donde te has concentrado para expresar tu disconformidad, tiene un pase. Pero si un jueves te cruzas con una señora y el miércoles se muere, y trabajas cerca de ella y conoces a sus amigos, y te levantas y te vas del Congreso, pues eso da bastante miedo.