Las Provincias

DICTADORES

El indudable mérito del agitprop bermellón residió en otorgar profunda carga épica a los dictadores comunistas de revolución supuestamente popular y en machacar a los dictadores fascistas iluminados por la gracia de Dios. A los primeros se les conceden poderes sobrenaturales e inteligencia máxima, a los segundos crueldad infinita amén de un cerebro inferior al de una pulga. Esta separación maniquea ha llegado hasta nuestros días.

Ruboriza el tono de borrego sectario con el cual algunos defienden la estampa de Fidel. Un dictador, sea cual sea su color, es un canalla, y esto en verdad debería de admitir poca discusión. Ya nos dijo otro canalla redomado, Albert Speer, que la mejor cualidad de un hombre para conseguir el éxito era el carisma. Fidel rezumaba carisma, desde luego, pero ponerse gallito contra el Imperio Yanqui a costa del sufrimiento de un pueblo entero, perpetuarse en el poder arrasando con cualquier libertad y luego enchufar en la poltrona del mando a su propio hermano revela también una personalidad de psicópata redomado. Los que le aplauden hablan de cómo recortó la desigualdades en Cuba. De esto no hay duda: los emprobreció a todos porque el comunismo iguala a la baja. Albertito Garzón, el lacayo del señorito Coletas, opina que sus valores conviene defenderlos. ¿Sus valores? Acaso se refiere a enchironar a los disidentes, a los homosexuales, a los porreros y a cualquiera que no comulgase con su credo laico. Con la dictablanda de Batista, gusanera de corrupción, Cuba se convirtió en el burdel de Estados Unidos. Con la dictaferoz de Castro y las infelices jineteras, en el prostíbulo del mundo. Al menos las lumiascas cobraban jugosos dólares cuando Batista. Con Fidel, bolis Bic y bragas de papel. A lo mejor son estos los valores cacareados por Garzón y por los de su lobuna manada.