Las Provincias

EL CORAZÓN DEL PADRE

El papa Francisco al final del Jubileo nos recordaba que, aunque clausuramos la Puerta Santa, el corazón misericordioso del Padre no se cierra.

Una llamada a que no olvidemos los cristianos dimensión tan importante en nuestra vida, no se trata por tanto de hacer muchas cosas, sino de encarnar siempre, con la ayuda de la gracia, el rostro misericordioso de Dios hacia los hermanos.

Nosotros, tan cargados de debilidades, y tan necesitados también del perdón de Dios, estamos llamados a dar sin medida aquello que recibimos tantas veces. Quizás el final del Jubileo ha llegado sin haber hecho del todo los deberes, a lo mejor nos ha faltado valentía o decisión, o no nos hemos dado cuenta de la oportunidad que se nos brindaba...

No lo dudemos un instante, todavía es tiempo para el amor. Cuando volvemos al Padre, siempre lo encontramos con los brazos abiertos. Pero, nadie puede recorrer ese camino por mí.

Muchas veces, para llegar al corazón de Dios, debemos atravesar el de los hermanos. Es más, esto mismo nos da la medida de la autenticidad de todo aquello que vivimos.

Hace algún tiempo vi una película que recomiendo, y que en este momento vuelvo a recordar: 'Una historia verdadera'. Es una producción cinematográfica que ofrece el relato auténtico de lo que vivió un anciano que realiza un largo viaje.

La finalidad de su periplo era conseguir reconciliarse con su hermano, después de veinte años de no haberse dirigido la palabra. Aquel hombre, viendo que se acercaba el final de sus días, se dice a sí mismo que no desea morir sin volver a abrazarlo.

¿Qué haríamos nosotros si nos encontráramos en su lugar? ¿Qué camino debemos recorrer para volver a abrazar a aquellas de las que nos hemos separado?