Las Provincias

Calle alcaldesa Barberá

Hay muchas razones para rotular una calle o plaza con el nombre de Rita Barberá en su propia ciudad. Su dedicación; su aportación a la autoestima del cap i casal; su dilatado mando o su amor por Valencia son, por sí solas, explicaciones justificadas para buscarle un hueco en la urbe que rigió durante 24 años. Pero, junto a todas ellas, hay una que es evidente y transversal. Es un motivo capaz de concitar el apoyo de todos los grupos políticos aunque algunos, cegados por rechazos ideológicos, prefieran ignorarlo: Barberá sería la primera mujer alcaldesa con calle en la ciudad. La explicación es sencilla: salvo Clementina Ródenas y ella, no ha habido ocasión de dedicar una calle a una alcaldesa de Valencia hasta ahora porque no las ha habido. Sucede algo similar con otras profesiones, cargos públicos o tareas en las que la presencia femenina es escasa: ministras, juezas o rectoras de universidad. Hasta hace bien poco era impensable su inclusión en el callejero porque no podían desempeñar esas funciones. Sin embargo, hay otras en las que sí han destacado las mujeres, pero la narración androcéntrica de la historia las ha ido relegando y, por consiguiente, lo ha hecho también la selección de personajes ilustres para dar nombre a los rincones de la ciudad. En la Ciencia, en el Arte, en la Literatura o en el Bienestar Social ha habido grandes nombres femeninos que, sin embargo, han tenido que conquistar un Nobel o un altar de santidad para que su ciudad les incluyera en la lista del recuerdo y el homenaje cívico. Con los hombres los requisitos suelen ser mucho menos exigentes.

Esa realidad, precisamente, se planteó hace poco más de un año en el Ayuntamiento de Valencia y el resultado fue la aprobación de un elenco de 36 mujeres a las que dedicar una calle: la primera profesora universitaria de la ciudad, Olimpia Arocena; la impresora del siglo XVI Jerónima Galés o la compositora Matilde Salvador son algunas de ellas. El Consejo de la Mujer y por la Igualdad del Ayuntamiento explicaba entonces que «de los 1.144 personajes ilustres que actualmente tienen una vía pública en la ciudad, un 93% corresponde a hombres y sólo el 7% son mujeres». En ese contexto parece difícil que el nombre de quien ha sido su alcaldesa durante un cuarto de siglo no tenga, siquiera, la oportunidad de ver evaluada su candidatura. Ahora bien, es cierto que, en los reparos que se puedan poner en estos momentos, tengan mucho peso las dudas acerca de su periodo de gobierno. Así, no parece oportuna la prisa mientras el asunto esté en manos de los jueces. Como hace -o hacía- la Iglesia en los procesos de beatificación, es conveniente dejar pasar un tiempo prudencial. Pocas personas concitan unanimidad al poco de morir. Hacerlo en olor de santidad no es nada fácil. Si cuesta con los santos, porque sus errores mundanos están demasiado a la vista y hay testigos, qué decir de los políticos.