Las Provincias

APARIENCIAS

Todas las películas de serie B de invasiones extraterrestres hasta llegar a la serie V, la de los lagartos, respondían, en esencia, al mismo esquema. Arcadia feliz inicial que daba paso a la sigilosa invasión de los cuerpos que solo unos pocos apreciaban. Tras la apariencia de normalidad de la vida diaria, en realidad el cuerpo solo era una vaina, un disfraz que ocultaba la real apropiación del cuerpo por el organismo invasor que daba paso a una lucha terrible. Ganaban siempre los buenos. Cuando uno vende su casa por necesidad y no por virtud se desatan promesas iniciales en el comprador, después insatisfechas. El 'podrás venir siempre que quieras' acaba siendo vencido por la tentación de tirar un tabique, modificar el color de las paredes o cambiar una de las bañeras por un plato de ducha de esos pijos de revista de decoración. La habitación en la que estuvo la primera cuna de tus hijos puede acabar siendo una sala para que haga ejercicio un diseñador soltero. Vender tiene esas cosas. Pero aun así, siempre existen instrumentos que respetando la posesión o la propiedad, consiguen proteger el patrimonio por motivos de interés general. Yo no sé por qué no fuimos capaces en su momento de incorporar como anexo del contrato una declaración formal de protección histórica y patrimonial. La mayoría se dejó, nos dejamos todos, engatusar con lo fácil: cemento y cromos. Estadio y fichajes. Este flash back, el mea culpa que ahora entonamos hubiera sido de aplicación a cualquier comprador. Mi lamento no es, Dios me libre, por los ojos rasgados. Mi lamento es por nuestro blanco, europeo, y canónico empecinamiento en destrozar lo propio. Cualquier inversor que compre un palacete en la Plaza del Horno de San Nicolás sabe que podrá ser hotel o galería de arte, pero la disposición de las puertas, el lienzo de la muralla, las pinturas policromadas o la estructura del patio no se pueden tocar. Esto no es nada revolucionario. Ya lo explicaba Don Antonio Hernández Gil en aquel librito de Alianza Editorial, del año 1969, sobre 'La función social de la propiedad'. Me temo que ya hemos llegado tarde. Analizando la situación actual, la evolución y la prospectiva sobre el futuro del Valencia donde otros se fijan en el proyecto deportivo, o en el balance contable, yo reparo en el imperceptible y desatendido respeto al patrimonio material e inmaterial de la entidad. Cuando me tomo la temperatura de la indiferencia me da miedo pensar en lo que encontraría un forense si nos abrieran de arriba abajo. Un estuche de baratija vacío por dentro. A lo sumo un amasijo de papeles, de esos que se colocan en los bolsos de lujo para rellenar y simular un falso volumen, porque en el interior no hay nada. Pura apariencia. Momento previo, en el que, sin lucha, no acaban ganando los buenos.