Las Provincias

SEBASTIÁN ALBELLA LO MERECE

El pueblo (¿soberano?) está enfadado con los gobernantes. Nos son pocas, ni pequeñas, las razones que explican el enfado, aunque es cierto que muchas de ellas no son culpa exclusiva de ellos sino de nosotros mismos. Pero ya saben que la responsabilidad individual ha desaparecido por completo y lo primero que hacemos todos cuando nos surge un problema o una dificultad es buscar un responsable exterior que, casi siempre, termina identificado con un gobernante, ya sea municipal, autonómico o estatal. Como consecuencia de ello no les pasamos ni una, la crítica es constante y, en ocasiones, incluso feroz. Les sometemos a escrutinio diario y repasamos sus actuaciones con la lupa del censor.

Todo lo que obtienen nos resulta exagerado e inmerecido. Con respecto al pasado si han tenido alguna experiencia profesional, nos parece un abuso que ejerzan algún poder en la actualidad. Mientras lo ejercen todos sus sueldos nos resultan escandalosos y cuando termina su mandato les cargamos de incompatibilidades y nos escandaliza cualquier situación que se asemeje a una puerta giratoria.

¿Cuál es el resultado de dicha manera de pensar? Pues que los grandes profesionales rechazan cualquier cargo público. Les supone una pérdida de ingresos, además de que les expone a una crítica incesante. Repasen los currículums de las personas que acceden a los cargos y verán que la inmensa mayoría o son funcionarios, que no pierden ningún derecho por cambiar de trabajo, o gentes que no encontrarían en el sector privado un puesto de similar responsabilidad y retribución ni en sus mejores sueños. Es decir, nos perdemos a una buena parte de los más aptos.

Esta misma semana hemos tenido un ejemplo muy representativo de todo esto. Sebastián Albella ha sido propuesto por el gobierno para presidir la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Albella es un abogado en ejercicio de gran prestigio que, precisamente por eso, ha asesorado a varias empresas que cotizan en Bolsa, dentro y fuera del Ibex-35. Su nombramiento ha levantado una polvareda en la oposición y su elección ha salido adelante gracias al apoyo in extremis del PNV, dada la negativa mostrada por Unidos Podemos (¿qué raro, no?), PSOE (¿despiste?) y la antigua Convergencia catalana (¡sorpresa!).

Vamos a ver. ¿Es mejor o peor que el presidente de la CNMV sea un gran conocedor del mercado de valores? Además de exigirle que se abstenga de intervenir en los casos que afecten a sus clientes recientes, ¿es inhabilitante ser un experto o es un activo apreciable y apreciado? Yo no tengo ninguna duda. Para ejercer cargos importantes prefiero a personas bien formadas, con prestigio y experiencia en la materia, que al típico enchufado del partido de turno que no se ha visto en su vida en una igual.

Y con respecto a los salarios ofrezco una propuesta que sé irrealizable, pero que me parece bastante sensata. Yo pagaría a cada nuevo cargo público el mismo sueldo que cobraba en su puesto de trabajo inmediatamente anterior. Al no permitirle ganar más evitaba a los trepas arribistas y al no obligarle a ganar menos animaría a los buenos profesionales a dar el paso hacia el servicio público.

No puedo garantizar su veracidad, pero el otro día un dirigente empresarial de primer nivel me aseguraba que en los EE UU a los dirigentes privados que acceden a cargos público les obligan a vender las acciones de las empresas donde trabajaban hasta entonces, pero les eximían de la carga fiscal correspondiente a las plusvalías que pudieran obtener en dicha venta. Supongo que es una buena idea para eliminar barreras de acceso.

En definitiva, si partimos de la base de que la función pública es algo muy serio, pues en realidad consiste en administrar lo 'común', el dinero aportado por todos mediante los impuestos cobrados, parece evidente que nos conviene que sea administrado de manera eficiente y para ello necesitamos a personas formadas, honradas y capaces. Es mucho más barato pagar mucho a alguien que nos administra bien que poco a alguien que nos administra mal; y si no lo cree, haga números. Su selección no debería estar condicionada por aprioris absurdos y condicionantes previos contraproducentes como sucede en la actualidad. Por eso, quizás fuese conveniente ir desplumando a la cuestión de su actual carga demagógica y centrarnos en lo que nos conviene. ¿Empezaremos pronto con ello? ¡Ni lo sueñe! ¿Cuánto se apuesta?.