Las Provincias

FIDEL: DIOSES Y TUMBAS

No quiso que Cuba fuera un cabaret y la convirtió en una prisión, pero él fue un héroe antes de ser un dictador. Fidel Castro pertenece a la leyenda, que únicamente se empieza a escribir con la muerte y con la tenacidad de sus verdugos. No se entendía su permanencia sin la crueldad del asedio. El largo lagarto verde, con ojos de piedra y agua, del que hablaba Nicolás Guillen, se transmutó en un orgulloso cocodrilo dispuesto a pasar hambre. Siempre nos caen bien los héroes, sobre todo cuando se parecen más a David que a Goliat. El país más poderoso del mundo no pudo rendir al más alegre, y derribar sus murallas de guano y Cuba se volvió un emblema de la resistencia, con los mejores médicos, pero sin medicinas. La muerte del mito nos devuelve su tamaño humano y hoy todos los periódicos del mundo, todas las televisiones y todas las radios hablarán de él, que era capaz de pronunciar discursos de cinco horas sin beber ni ron ni agua, mientras el pueblo cubano estaba embebido en sus palabras.

Hay quien dice que a estos personajes de calibre histórico sólo los puede juzgar Dios y la Historia, pero de momento los están juzgando en Miami y en Baracoa y el veredicto no depende de los hechos sino de los jueces. La ventaja es que va a tardar en pronunciarse y no podrán oírlo todos los asistentes al duelo. Ni sus hermanos, ni los demás parientes. La vida sigue, como suele decirse. Es su costumbre y los que aún vivimos tenemos que adaptarnos, que no es igual que resignarnos, a ciertas ausencias. Volveremos a hablar de que Bruselas sigue viendo margen para elevar los impuestos en España y de Erdogan, que amenaza con abrir la frontera de Turquía para que un ejército inerme de refugiados invada la maltratada Unión Europea. Por fortuna nuestra no son más que tres millones los infortunados que viven en campos de acogida turcos. Todos sueñan con llegar a Europa, pero veremos lo que van a pensar de ella cuando despierten.