Las Provincias

HACIENDA, UN EDIFICIO JOVEN

El pasado 7 de julio, la caída de unos falsos techos de escayola en la planta principal del edificio de la delegación de Hacienda de Valencia determinó el cierre de las instalaciones, situadas en la calle de Guillem de Castro. Cinco meses después, Hacienda acaba de abrir las puertas de una nueva sede de atención al público, en la plaza del Ayuntamiento, donde en su día estuvo el Banco de Bilbao y más tarde el BBVA. A lo largo de un mes se ha producido el traslado de toda la documentación y el utillaje que hará posible el trabajo de unos 200 funcionarios.

El episodio llama especialmente la atención porque el edificio cerrado no es tan antiguo como pudiera pensarse. Muchos valencianos lo hemos visto nacer y entrar en servicio. Fue construido entre 1954 y 1959 e inaugurado el 15 de febrero de este último año; de modo que son miles los valencianos que viven en casas mucho más antiguas que el muy sólido edificio público que el Estado construyó. Incluso se da la paradoja de que, en busca de cobijo, Hacienda se ha traslado a una sede que se levantó en los años treinta, es decir dos décadas más vieja que la que ha abandonado.

Muchos valencianos recordamos que Hacienda se puso en obras en terrenos que le cedió el Ayuntamiento y la Diputación, en las inmediaciones de lo que había sido el antiguo convento de San Agustín. Muchos recordamos el lamentable Mercado de Abastos de los años cuarenta, que funcionó junto a San Agustín hasta su traslado al nuevo edificio de Javier Goerlich, en el barrio que ahora llamamos de Abastos.

¿Por qué unos edificios envejecen y otros no? ¿Por qué algunos presentan achaques que otros no sufren? El edificio de Hacienda, en su día, fue un gran avance para Valencia. Se trataba de «una obra de gran categoría y de adecuada prestancia», dice el Almanaque de «Las Provincias». Las viejas instalaciones, en el palacio del Temple, no reunían las condiciones que los nuevos tiempos reclamaban. De modo que en 1952 se cedió el suelo necesario y en 1955 se pudo poner la bandera de una instalación sobria, de seis plantas, que incluía, en el ático, la vivienda para el delegado del Ministerio en la región. La inauguración, que contó con la bendición del arzobispo, Marcelino Olaechea, fue presidida por el ministro del ramo, Mariano Navarro Rubio, un turolense que veraneaba en Jávea y era muy buen amigo del alcalde Rincón de Arellano.

El Estado invirtió en la obra nada menos que 21 millones de pesetas de las de entonces. El sólido edificio, nos dice el reportaje de «Las Provincias», tiene estructura de hierro y de cemento y un porte clásico, como requiere su finalidad. Francisco Echenique, subdirector de la Escuela de Arquitectura, y el maestro valenciano Luis Calvo fueron autores del proyecto y ganadores del preceptivo concurso. La empresa constructora, Cubiertas y Tejados, era de gran solvencia: en el reportaje que el periódico publicó en páginas de huecograbado figura la lista de sus principales obras, ferroviarias, hidráulicas y civiles. En Valencia ya habían levantado, por aquellas fechas, el Colegio de las Esclavas, la fábrica de Cervezas El Turia y el puente de Nazaret que -dice el reportaje- «no se lo llevó la riada». Las cristalerías de Echeveste y toda la carpintería metálica, de Manufacturas Metálicas Madrileñas, daban al conjunto un porte clásico pero muy avanzado en la atención al público.

¿Por qué está cerrado, con apenas 57 años de vida? Es necesario pensar que se ha aplicado precaución, obligada especialmente porque allí se atendía al público. Pero no es de esperar que la casa de Hacienda «de toda la vida» tenga graves problemas estructurales: una comisión técnica ha estado revisándola y se espera que haga público su dictamen en breve.