Las Provincias

No estamos seguros de nada

Conforme se insiste sobre los problemas futuros de seguridad oficial arrecian con mayor fuerza las ofertas de seguridad privada en todas direcciones, de modo que nunca sabrás qué fue antes, si el huevo o la gallina, tampoco si se dirá al revés. Tal vez.

Se agota la hucha de la Seguridad Social, cielos; la pirámide poblacional no va a dar más de sí, habrá de reformarse de nuevo lo de las cotizaciones y las pensiones; unas al alza, las otras a la baja; más impuestos, nuevos recortes. Más por menos. Y a renglón seguido nos inundan con consejos de que habrá que ventilarse huchas particulares para el futuro, complementos de jubilación, porque las pagas a los pensionistas serán más cortas. Consejos interesados por nuestro bien. Lo llamativo es que florezcan tantos ofrecimientos de planes privados. Va a rachas; ahora eclosionan a lo grande. Entre todos quieren pillar todo el dinero que puedan del transeúnte acogotado. No te preocupes, le dicen, ven con nosotros. Ilusiones oníricas, casi.

El Estado parece que vaya quitándose de encima misiones que parecían sagradas. Sin embargo, la presión del Estado es cada vez más grande. El de aquí y el de cualquier parte. No se sabe de un Estado que apueste por lo contrario. Ni los que son meras aspiraciones que buscan independizarse. No se conoce Estado que vaya a recaudar menos, ni otro que aumente servicios sin reducir en otros.

Fue al profesor Grisolía al primero que le leímos advertir que la cosa de las pensiones y jubilaciones no pintaba bien y era cuestión de empezar a pensar en ello. Hará no menos de veinte años, en la tercera de ABC. Pero no le harían demasiado caso, porque lo presentan como cosa nueva, ahora que le ven el peligro al asunto, que viene de lejos.

Nuestros abuelos cotizaban para tener luego jubilación, nuestros padres cobran de lo que cotizamos nosotros y la perspectiva siguiente es que no habrá bastante para mantener en pie la pirámide cuando lleguemos a la cola de recibir algo de lo que dimos. La salida que proponen es buscarse la vida con complementos, y enseguida acuden los que venden soluciones por tanto al mes. Pero no por eso va a reducirse la otra parte de pago obligada. ¿Se darán cuenta de que todo es hinchar lo público para verlo menguar de vuelta?

Te acuden los de los planes de pensiones, también los de servicios de sanidad privada cuando la otra se atasca, y las compañías de seguridad para tus propiedades. Estas últimas son a menudo las más agresivas: igual te sueltan que los cacos saben muy bien cuando no estás en casa o te vas de vacaciones para hacerte la col; aunque ahí están ellos para salvarte. Que ya es notable que alardeen de saber lo que saben los malos. Pero hombre, que también lo sabrá la policía, ¿no?

No estamos seguros. Ni en casa, ni en la cola del médico, ni en lo que cobraremos de pensión. No estamos seguros de casi nada, ni con nada.