Las Provincias

Un solo gesto

Un solo gesto por parte de Iglesias, como líder de Podemos, hubiera bastado para mostrar una cierta altura moral, algo que es siempre esperable en cualquier representante político, aunque por desgracia esa expectativa se ve defraudada demasiadas veces. Pero en este caso no se trataba de ninguna compleja renuncia por el bien común, o de otro tipo de sacrificio que se requiriera por el cargo de diputado electo; era solo una cuestión de mostrar una mínima empatía por alguien fallecido, la alcaldesa durante 24 años de Valencia y senadora en el presente, Rita Barberá.

Pero se ve que eso era pedir demasiado al azote de 'personas corruptas', título autoimpuesto por el susodicho. El mismo al que no le dolieron prendas salir en defensa de Otegui y los suyos, quienes, por decirlo suave, tienen dudosos lazos con la empatía humana. Se puede decir lo que se quiera de Barberá, estar de acuerdo o en desacuerdo con lo realizado por ella en todo o en parte, pero el pasado miércoles únicamente se estaba pidiendo un minuto de silencio en sede parlamentaria como muestra de respeto hacia la fallecida. Ese gesto no podía ser interpretado de ningún modo como un aval a su trayectoria política, ni mucho menos ser considerado como una glosa en el ámbito personal, como si fuera un elemento más de una elegía que algunos legítimamente podrían desear.

No, era solo cuestión de respeto ante la muerte de alguien que había dedicado su vida a la política, con sus luces y sombras. Pero, queridos lectores, el respeto es algo complicado hoy de encontrar en la política. Por alguna razón, la zafiedad y los argumentos ramplones como eslóganes suelen vitorearse como pruebas de integridad y valentía. Tal triunfo de la estulticia solo puede abonarse mediante años de ausencia de aprendizaje sobre lo que es propio del decoro y del saber estar, esa frase que antes significaba muchas cosas y ahora parece que define al timorato o, peor aún, al que es incompetente para 'asaltar el cielo' del éxito político.

Por su forma de ser, por su fuerte personalidad, pero también por lo que hizo, Rita Barberá ha dejado una huella profunda en nuestra ciudad. Su muerte dará lugar a que, con el paso del tiempo, se juzgue la valía de su legado político. Es una parte necesaria de toda reflexión social. Iglesias dijo, como excusa, que el Parlamento debería dar ese minuto de silencio a todas las víctimas de la pobreza energética y de otras injusticias. ¿Imaginan un Parlamento guardando cien o mil minutos de silencio en cada sesión, según contáramos las víctimas? La demagogia en estado puro. El gesto de Iglesias de negar un minuto de silencio a Barberá nos ilustra hasta qué punto hay políticos dispuestos a renunciar a un mínimo de respeto. Lo peor será que muchos jalearán esta indigencia moral como signo de todo lo contrario. Y no me extraña, dada la calidad del maestro.