Las Provincias

GRACIAS RITA

Ha fallecido en Madrid la mejor alcaldesa que ha tenido y que probablemente tendrá Valencia.

Rita se entregó en cuerpo y alma por su querida Valencia y por España. Dio todo lo bueno que tenía, que era mucho, por servir a los valencianos y transformó la ciudad que tanto amaba convirtiéndola en la gran urbe que es hoy Valencia.

Su personalidad arrolladora, su carisma, su visión y su buena gestión hizo que la mayoría de los valencianos nos sintiéramos orgullosos de ella y de nuestra ciudad. Pero sus innegables logros como alcaldesa no sólo se le deben reconocer por hacer de Valencia una ciudad tan atractiva y atrayente, sino también por mejorar la vida cotidiana de los que vivimos en ella y la disfrutamos cada día.

En su faceta personal, menos conocida que la pública, era una persona encantadora y de una gran bondad y vitalidad; era divertida, cariñosa, generosa y muy amiga de sus amigos. Es por ello que, como amigo suyo, en este momento abrigo una profunda tristeza por su pérdida pero además siento una inmensa rabia por los desgarradores últimos meses que ha tenido que sufrir por las calumnias que se han vertido sobre su persona. Su integridad está fuera de toda duda por mucho que determinados personajes mediocres y rencorosos de nuestra sociedad hayan pretendido ponerla en tela de juicio, allá ellos y su conciencia, si es que la tienen, por su vil, infame e interesado ensañamiento.

Después de su incondicional entrega y enormes sacrificios, a Rita le resultó difícil soportar la injusticia de que se le calificara de corrupta, pero además nunca superó que su propio partido político, por el que tanto hizo durante muchos años, le diera la espalda en el momento que más lo necesitaba. Los que la conocíamos bien y la queríamos estamos devastados por el dolor pero con la cabeza bien alta, ahora más que nunca, queremos reivindicar su honradez y su magnífico trabajo al frente del Ayuntamiento de Valencia.

Durante su larga etapa como alcaldesa tuvo que afrontar múltiples adversidades pero supo enfrentarse a éstas con el coraje y la gallardía con los que se enfrentaba a todo en la vida. Ha sido así hasta su último suspiro pero Rita ha muerto y ha sido de pena. Pena por el incalificable trato recibido por los políticos, pena por el inmisericorde linchamiento de determinados medios de comunicación, y pena por la reacción injustificada de una mediatizada y, en algunos casos, dirigida opinión pública.

No se lo merecía, primero como ser humano, pero sobre todo no se lo merecía porque siempre antepuso los intereses de Valencia y de España a los suyos propios.

Afortunadamente, algunos de los que mancillaron su buen nombre en vida han sido involuntariamente capaces de honrar su memoria al ausentarse del hemiciclo durante el minuto de silencio que se ha guardado en el Congreso de los diputados. Qué mayor reconocimiento a la figura de Rita que una miserable banda de putrefactos personajes no sean capaces de mostrar respeto ante la muerte de un ser humano que ha dado literalmente su vida por su país y por su ciudad. Son ellos los corruptos, son la mayor representación de la corrupción moral y ética de nuestra sociedad porque están infectados con el veneno del odio hacia el adversario político o hacia cualquiera que no haga seguidismo de su pensamiento totalitario.

Una vida tan intensa como la de Rita ha estado conformada por muchas etapas, por muchas vivencias, por momentos buenos y malos que afloraron sus virtudes y sus defectos, sus fortalezas y sus debilidades, pero sobre todas las cosas consiguió dignificar el nombre de Valencia en España y en el mundo.

Para la mayoría de sus conciudadanos valencianos y sus compatriotas españoles es y será una inspiración y un ejemplo a seguir y ese es, sin duda, el mejor y mayor legado que Rita nos ha podido dejar.

Gracias ilustrísima alcaldesa.

Gracias querida amiga.

Gracias Rita.

Descansa en paz.