Las Provincias

SER LO QUE NO ERES

No hay nada más patético que intentar hacerse pasar por alguien que no eres. No me refiero a suplantar la identidad de otra persona, eso es un delito e internet está lleno de casos. Hablo de individuos que son de una determinada forma pero tratan de aparentar ser de otra. Esa impostura se huele a la legua y no tiene nada que ver con esforzarse uno mismo para mejorar tus carencias. Una vez tuve un jefe que, a pesar de desarrollar su trabajo con eficacia, a nivel de gestionar personas era un desastre. Carecía completamente de empatía, no tenía habilidades sociales ni sabía motivar y dirigir. Sus superiores lo enviaron a Madrid a hacer un curso para tratar de corregirlo. A su vuelta nos invitó a comer a todo el equipo tratando de acercarse a nosotros. Recuerdo la tirantez que acompañó aquella comida. Él intentando ser simpático, contando anécdotas personales y haciéndonos preguntas y nosotros más rígidos que la reina Letizia rellenándonos sin parar la copa de vino para ver si así el alcohol hacía más llevadera la situación.

Ese encuentro informal no volvió a repetirse, afortunadamente. Él siguió a lo suyo y nosotros a los nuestro. Desde luego yo prefería su aspereza diaria a la farsa de aquel encuentro. Es como si Donald Trump intentara colarnos que es un demócrata convencido que respeta a las minorías y siente admiración por las mujeres, como si Leticia Sabater intentara pasarse por una intelectual que lee cada a noche a Kierkegaard, como si Tamara Falcó nos convenciese de que vota a Podemos. La cabra tira al monte y mejor ser un imbécil auténtico que un sainete de ti mismo. Hay cosas que además son imposibles. Piensen en Melania, por mucho dinero que se gaste en vestuario, ni en un millón de años conseguiría acercarse al estilo de de Jackie Kennedy.