Las Provincias

Chantaje en diferido

La aparente parsimonia de Rajoy y su Gobierno a la hora de negociar los Presupuestos guarda relación con el as en la manga que supone unas encuestas muy favorables para el PP. La oposición da alguna patada que otra pero quien controla el juego y el medio del campo es el presidente del Ejecutivo y sus principales ministros. Lo que quiere hacer Rajoy es que se rebaje la euforia del equipo contrario y dar largas a las negociaciones presupuestarias porque sabe que si le presionan en exceso tiene un arma letal para sus opositores. Si las condiciones de las negociaciones se vuelven difíciles podría convocar nuevos comicios y todos los sondeos indican que los populares saldrían muy beneficiados. Frente al empuje inicial de una oposición que grita mucho pero que está claramente debilitada, Rajoy plantea un chantaje en diferido que dibujaría el enésimo record negativo del PSOE, otras elecciones frustrantes para Podemos y un amargo despertar del sueño para Ciudadanos.

Rajoy tiene solamente 137 escaños pero psicológicamente son muchos más, de ahí que su comportamiento se parezca tanto al que tenía cuando gozaba de una aplastante mayoría absoluta. El presidente del Ejecutivo sabe además que un bloque común contra el Ejecutivo es posible en las propuestas más o menos folclóricas pero que en las grandes reformas el entendimiento de eso que Pedro Sánchez llamaba el Gobierno del Cambio es imposible. Eso desquiciará a los nuevos partidos mientras el PSOE sigue cicatrizando sus heridas. Y si por una de estas la cosa se pusiera mal Rajoy podría pasar del chantaje en diferido a la fuerza de los hechos. El presidente tal vez se encuentre incómodo pero el resto de partidos no pueden disimular el miedo, un pánico creciente a que aún puedan empeorar más.