Las Provincias

AMIGO EN CALIENTE

Natalia piensa en como una sola palabra de cinco letras puede albergar tanto. Resulta que su amigo Rafa, de cara a todo el mundo, incluido su marido, es su amigo. Rafa además tiene un par de hijos y está casado, con una mujer atractiva y muy amable, que también es su amiga. El problema le viene a Natalia cuando, para referirse a Rafa, tiene que utilizar la palabra «amigo». Un término que de entrada no presenta mayor complicación fónica pero que para ella se enrevesa. Al pronunciarla, en frases como «fui con un amigo», Natalia detecta como, de manera involuntaria, al llegar a la palabra su voz se torna un par de notas más grave, provocando una reverberación tal en su garganta que a ella le recuerda al sonido de un tam tam. La letra 'i' queda inexplicablemente alargada en el aire, no como el silbido de un jilguero, sino más bien como un gemido templado. Al abordar la última grafía, la 'o', el tono de su voz desciende y se precipita, hasta hacerse casi imperceptible, convirtiéndose en una suerte de eco que acompaña con una sutil bajada de ojos y un barrido de la punta de la lengua por los labios. Ella, consciente de la circunstancia, ha tratado de solventar el tema ensayando ante el espejo, un entrenamiento que no hace más que empeorar el problema pues, al ver su imagen reflejada, al resto de detalles se incorpora una ligera elevación de las comisuras, que conforman algo parecido a una sonrisa, y un destello en la mirada, un flash breve e instantáneo que, para un observador entrenado, sería suficiente para saber que a Natalia lo que le ocurre es que su amigo Rafa le pone muy caliente. Ella cree que el embrujo se pasará el día que pueda decir la palabra de corrido. Mientras tanto fantasea con la imagen de Rafa pronunciando la palabra «amiga», la 'a' alargada, la 'i' en suspenso y los dos en la cama sin ropa.