Las Provincias

NO TODO VALE

La muerte de Rita obliga a una reflexión general. Una reflexión que debe alcanzar a muchos. A quienes la adularon para obtener algo de ella y luego la abandonaron. A quienes la lincharon de manera inmisericorde. A quienes pudieron gozar con la visión del ídolo caído. A tanta alimaña con nido en las redes sociales. Poco importa lo que ahora se diga. Rita Barberá es ya parte de la historia de Valencia y de España. Sin embargo la amargura que ella vivió en estos meses recientes ha sido una contribución terrible que no mereció pagar. Hace un par de semanas pude decirle: «Sabes que las puertas de mi casa las tienes abiertas como siempre». Me apretó las manos y me dio las gracias. Quise hacerlo en público delante de mucha gente a la salida de misa. Como forma de testimonio. Nunca imaginé que ése era nuestro último encuentro. Hoy al menos me reconforta pensar que lo fue en esos términos. No formé parte de su círculo íntimo ni le baile la sopa boba como hicieron tantos pero caminamos juntos en un mismo proyecto desde 1979 y eso genera innumerables vivencias que son la base del afecto aun desde la distancia. Treinta y siete años compartidos que han terminado. Ahora la consternación no basta. Algo habrá que aprender de lo ocurrido aunque ciertamente no sirve de nada pontificar. No lo haré. Que cada cual extraiga la lección que considere oportuna. Pero hágase. La política necesita recuperar cuanto antes el sentido de la grandeza de espíritu, la hondura humana y el respeto personal. Sobran miserables. No vale todo. La pena gratuita de telediario puede llevarse demasiadas cosas por delante que al final ya jamás se reparan. Se ha visto. La presunción de inocencia no es un reclamo teórico. Rita se ha ido en un día gris y lluvioso. Desde una habitación de hotel. Vencida por el dolor. Valencia llora su pérdida.