Las Provincias

SIN PIEDAD

En la habitación de un hotel, en Madrid, lejos de su hogar, de Valencia, en la soledad de un sitio extraño, aséptico, funcional, con los nervios aún a flor de piel por la comparecencia ante el Tribunal Supremo, sabiéndose el centro de todas las miradas, de todos los comentarios, de todos los chismorreos, olvidada por muchos de los que se decían amigos y que ayer recuperaron súbitamente el afecto y la admiración por la que fue alcaldesa de Valencia durante casi un cuarto de siglo, despreciada por enemigos que hicieron de su caza y captura principio y fin de su existencia, hasta cobrarse la pieza. Así de canalla es a veces la vida y así de cruel es siempre la muerte.

El juicio de la historia tendrá seguramente más en cuenta los logros (la Copa América y la apertura del Puerto, el Palacio de Congresos, el mercado de Colón...) que las asignaturas pendientes (el Cabanyal, el Parque Central, las plazas del centro histórico...) pero concluirá con el trágico final, el martirio judicial, los fotógrafos esperando a la puerta del domicilio, los senadores del PP que pasaban por su lado y miraban hacia otra parte, el deterioro físico y el corazón que una noche empezó a fallar y dijo hasta aquí hemos llegado.

En la etapa que abarcó desde el 95, cuando se liberó de UV, hasta el 2007, no sólo consiguió cambiar la cara de Valencia sino, lo que es más importante, transformar su dinámica interna, su autoestima, pasando de la ciudad provinciana, deprimida y adormilada a la urbe cosmopolita e internacional. Como suele ser habitual, no se supo digerir bien el éxito, no se gestionó con grandeza el triunfo y a partir de 2009 se inició una cuesta abajo que culminó en la derrota de 2015.

En la hora dolorosa de una muerte inesperada y temprana casi chirrían tanto las efusiones y emociones de quienes durante meses le dieron la espalda como la actitud fría y despiadada de unos rivales que ayer se retrataron ante toda España, con el cadáver esperando aún en la habitación del hotel para ser trasladado al Instituto Anatómico Forense. Cualquier persona, cualquier ser humano, merece en el momento de su adiós un minuto de silencio, que no es un homenaje sino una especie de oración civil. Desde mi distanciamiento de hace años con una persona a la que traté con intensidad, en el trayecto en el metro desde mi casa hacia la redacción del periódico recé un padrenuestro por su alma. Los diputados de Unidos Podemos en el Congreso no fueron capaces de contener su odio al diferente, su repulsión hacia el que no piensa como ellos. Qué pena y qué miedo.