Las Provincias

LA MEJOR ALCALDESA DE VALENCIA

Rita Barberá ha fallecido dando la cara y luchando hasta el final por una causa que entendía que era necesaria -vital- para defender su honrosa trayectoria pública. Los que le aconsejaban que se retirara, que abandonara, que se dejara de líos y descansara, no la conocían. Rita era una mujer brava, valiente, espontánea y alegre, y mediterránea, muy mediterránea, con la sal y el sabor a mar en todo su ser. Era muy de aquí, de la tierra a la que tanto amaba, cercana y próxima con la gente.

Disfrutaba intensamente de todo lo bueno que el pueblo valenciano le ofrecía, lloraba sin fingir con el sufrimiento y la pena propia y ajena, trabajaba por 'su' Valencia con una pasión extraordinaria y una inteligencia práctica llena de sentido común... Era muy difícil seguir su ritmo en el trabajo, donde no quería perder ni un segundo del tiempo que tanto valoraba.

También tenía un carácter fuerte, necesario para llevar el timón de la ciudad. En su quehacer diario compaginaba el estudio de los grandes asuntos -en esto no era nada espontánea, sino rigurosa y reflexiva, serena y prudente- con los pequeños detalles que observaba desde el coche en sus desplazamientos y que apuntaba en una libreta para que fueran inmediatamente atendidos.

En la Alcaldía, cuando entraba en el despacho de sus colaboradores iba encargándonos, según pasaba hacia el suyo, los distintos asuntos que cada uno debía acometer. Siempre andaba pensando proyectos para la ciudad. Esto me maravillaba. Después de tantos años de hacer Valencia, de hacer ciudad, le seguían brotando ideas.

El lector podrá decir que sólo me refiero a lo bueno de Rita, que no soy imparcial. Y tendrá razón. Todos tenemos defectos, pero no seré yo el que los apunte, y menos en el día triste en que la hemos perdido para siempre. Descanse en paz Rita Barberá, la mejor alcaldesa de Valencia.