Las Provincias

Por 1.000 euros

Primero te recorre un frío por todo el cuerpo hasta dejarte inmóvil e incrédulo ante la información que se desata a gran velocidad. Aunque las redes sociales fueron las primeras en informar, las radios lo hicieron después con más detalle y veracidad. A las 9 de la mañana de ayer ya era tema de conversación de cada rincón y cada bar al que una red social o la radio pudieran llegar. Rita Barberá había sufrido un infarto. A los minutos, la noticia se convertía en el peor de los finales. La ex alcaldesa ¿había fallecido?

Días antes la imagino desencajada y con tensión acumulada, como la que soporta una olla a presión en su máxima ebullición. Finalmente su cuerpo dijo basta, sus defensas se relajaron tras prestar declaración en el Tribunal Supremo ante el juez Conde Pumpido. Saben que tras la tormenta llega la calma, y supongo que esas defensas corporales bajaron la guardia y su cuerpo decidió poner fin a un estado insostenible. Me produce lástima y pena por una persona que fue tan grande en tantos aspectos y muy descuidada en el de no saber gestionar el final de su carrera. Lo agravó el sentirse repudiada por los suyos, por su partido, por su gente y por algunos medios. Muchos coincidimos en que cometió el error de no saber cuándo dejarlo, de no retirarse a tiempo y de no guardar algunas formas. No justifica que la vida la borre de en medio después de haber peleado por una ciudad transformada, irreconocible, envidiable y maravillosa. Porque esta ciudad es de Rita. No quita para que un infarto te lleve en mitad de la soledad de un céntrico hotel de Madrid. Es injusto el trato que ha sufrido, la repulsa, el abandono, la distancia.

Al final del sumatorio no quiero pensar que el valor de la vida de la ex alcaldesa fueran 1.000 cochinos euros.